martes, 31 de diciembre de 2019

2019: 12 viajes y sumo ya 54 países!

Un año más en el que sumamos viajes y países, momentos con amig@s y familiares, nuevas libretas viajeras y muchísimas fotografías que hoy en día ya no sabemos ni cómo organizar. El año 2019 es el cierre de una década que arranqué abriendo camino en otros países de Asia Central como Uzbekistán, al que fui por primera vez en el año 2011, o Kazajistán al que fui en 2012 para preparar uno de los mejores proyectos en los que trabajé desde la Universidad. Ahora mis viajes han cambiado bastante, son más previsibles y breves, pero sigo y seguiré intentando vivirlos con la misma intensidad aunque los tenga que concentrar en menos tiempo.

Como todos los años, aquí va mi lista de los viajes del 2019, que han sido 12 en total:


  • Londres: Tuve la oportunidad de hacer un viaje relámpago con mi amiga Ivette para ver un estupendo musical y de paso descubrir un barrio muy trendy que me fascinó y al que pienso volver en esta nueva década: Shoreditch. Nos alojamos en el Hoxton, un hotel que se transforma en night club todas las noches con un ambientazo increíble y que te dejan un desayuno packed-lunch en la puerta.
  • Lanzarote: Volver tras casi 25 años a esta isla y encontrar sus paisajes volcánicos impecables. Estuvimos alojados en Tinajo, en Finca Marisa, un B&B muy acogedor situado en la misma puerta del Parque Nacional del Timanfaya. Me viene el recuerdo de encontrar a una Quintero en el precioso pueblo del Golfo, una mujer de cien años con la que conversé un buen rato. Lanzarote es nuestra Islandia más cercana, un buen refugio.
  • Praga: Fuimos a celebrar los 50 años de mi cuñada Elena y lo pasamos genial, con mucho frío y mucho turista alrededor. No me gustó nada que cobraran por todo, incluso por entrar en la calle de la casa de Kafka. No era el recuerdo que yo tenía de mi primer viaje a la ciudad, en el año 2003, en el que el turismo todavía no había invadido tan agresivamente la ciudad.
  • Mallorca: Viaje exprés al corazón de la Serra de Tramuntana fuera de temporada y así poder coger el tren de Sóller sin aguantar esas colas interminables del verano. Gran casualidad que fuera la fiesta de la naranja en Sóller y que pudiéramos vivir el pueblo con sus tiendas en la calle y artesanía. Y, una casa fabulosa con piano de cola incluido en el pequeño pueblo de Consell.
  • Coimbra, Lisboa: De visita a amigos en ambas ciudades y degustación intensiva de Bacalhau, esta vez hemos podido ver cómo van creciendo las viñas de Marta en Sesimbra, un sueño que poco a poco va tomando forma y que un día será un rincón increíble en la zona de la Arrábida.
  • Fajac: Nuestro Château, nuestro refugio...Teihet, Mirepox, Pech-Luna, Montolieu, Sorèze, Le Vernet, etc...Las colinas verdes, el cine del sol, Lola y Claude. 
  • Pisa, Lucca, Pistoia: Una escapada para ver el último concierto de un maestro, un compositor insuperable del siglo XX, Ennio Morricone, quien se despidió con su orquesta una noche de verano en la ciudad de Lucca. Aprovechamos también para hacer un pequeño tour por otros pueblos de la zona, como Pistoia en la que pudimos degustar platos toscanos y muy buena compañía.
  • Venezia: Weekend veneziano con la familia italiana para celebrar los 80 años de mi suegra, descubriendo Baccari y formas gratuitas de cruzar el gran canal en góndola pagando solo dos euros! Además, pude ir al cine a ver "Il pianeta in mare" y entender la catástrofe medioambienal que rodea a Venezia.
  • Ibiza: Adoro esta isla en fuera de temporada y esta vez tocó visitarla a finales de octubre. Bocata en Santa Gertrudis, Spritz en el Café del Mar, caldereta en el Bigotes, "Hippismo" en el mercado de Las Dalias...repito y repito, y nunca me canso de mi tour ibicenco y de la paz que me da esta isla.
  • Gales: Visita a una buena amiga para descubrir el aislado y genuino país de Gales que siempre, desde mis años en el Anglo-American School, quise visitar. Breve visita a la ciudad de Cardiff que tiene un imponente castillo, el pueblecito de Pembroke y por último, y tarde porque se hizo de noche prontísimo, el literario pueblo de Hay-on-Wye, con sus más de 20 librerías y un Pub muy acogedor en el que dormimos.
  • Suiza: Un par de días navideños en Lucerna, protegida por puentes, rodeada de montañas nevadas y un lago en el que navegan barcos de vapor, luces de colores por todas partes y un centro medieval delicado y con fachadas muy artísticas.
  • Liechtenstein: El pequeñísimo paraíso fiscal que se cruza en tan solo 25 kilómetros, esconde castillos medievales rocosos, pueblos alpinos y mucho banco. 
12 viajes que ya son parte de mí y siguen ayudándome a aprender que somos el planeta, la tierra, el agua que reciben las montañas y los ríos, los animales que la protegen y reciclan, y las personas de cada lugar que aportan a pueblos y ciudades la historia e historias que tanto me gustan conocer.

domingo, 29 de diciembre de 2019

Puentes de madera que protegen a Lucerna


En pleno de corazón de Suiza, y entre lagos, bosques frondosos, túneles infinitos e imponentes picos nevados, está la ciudad medieval de Lucerna, una de las que mejor se conservan desde la época medieval quizá gracias a sus torres, murallas y dos puentes de madera que la siguen protegiendo vigilantes.

La forma más simbólica y antigua de acceder a Altstadt es por uno de los dos puentes, el más famoso, Kappellbrücke. Construido en el siglo XIV, superó siglos de guerras hasta que en el 1993 sufrió un incendio que hizo peligrar su estructura y perdió parte de sus casi 300 metros de longitud. Lo superó, aunque perdió parte de sus pinturas originales que, actualmente, son copias pues el resto están a salvo en el museo de historia de la ciudad. El recorrido en zig-zag que hace el puente y, visto con perspectiva aérea desde el Castillo de Gütsch, demuestra que el puente tuvo más función de muralla que de acceso entre una zona y otra del río. El segundo puente de madera, intacto desde el siglo XV, es el Spreuerbrücke, y desde él se puede ver la estructura de molinos de agua que hubo en la ciudad hasta bien entrado el siglo XX.

A primera hora decidimos subir al Castillo para ver las vistas y, de paso, perdernos un poco por el bosque que rodea la ciudad. El Gütsch es un hotel de lujo en un castillo de cuento que permite seguir el curso del río Reuss y su desembocadura en el lago de Lucerna. Sitúa la ciudad antigua frete a frente a los ojos del observador que ve, a la perfección, sus calles sinuosas, iglesias, numerosas torres de defensa y los restos de la muralla. Subir caminando es estupendo ya que se pasa por algunas casas fabulosas que combinan la madera y los colores, decoradas con mucho detalle alpino.

El centro histórico, Altstadt, es para perderse. Callejones llenos de chocolaterías o Konditorei (no olvidemos que estamos en Suiza), diminutas Bäckerei en las que comprar la trenza de brioche (como la Koch), por un lado, y dos grandes avenidas centrales en las que hay relojerías y joyerías, una tras otra. Nos habían recomendado acabar el recorrido con una buena dark beer en una de las cervecerías más antiguas de la ciudad, Rathaus Brauerei, y no pudimos resistirnos a la tentación de también de probar el “beermisú”….increíble combinación. Los edificios del centro, llenos de frescos en sus fachadas, hacen que Altstad sea un museo al aire libre.

Al ser Navidad, la ciudad está llena luces y figuras, un ice-ring con vistas al lago y un foodtruck market en el que probar una buena raclette y mezclarse con gente de la ciudad que van a tomar vino caliente mientras los turistas disfrutan de carísimas fondues en pleno centro. 

Basta con un día para verla, pero dos o tres mejor para vivirla, pasear por el lago escoltado por cisnes, navegar en barco de vapor, y disfrutar de la calma y belleza del paisaje alpino.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Navidad en barco: de Barcelona a Savona

Voy a retomar la sana costumbre de buscar tiempo para mí y escribir sobre mis viajes, que son tantos. No siempre son tan exóticos como en otros tiempos, pero, en realidad, para los que somos viajeros, lo importante siempre está en el trayecto y su solemne preparación: guías, artículos, blogueros, webs de turismo, entre otras muchas más fuentes. Y, tal y como me enseñó Paco Nadal, lo importante para luego escribir un viaje es observar, transmitir y emocionar.

Así que, hoy, estoy pasando el día de Navidad viajando en barco, un trayecto de 16 horas que me da mucho tiempo para observar. Estoy en el Ferry Barcelona-Savona que opera la Grimaldi Lines en días tan poco concurridos como la noche del 24 al 25 diciembre, comida del 25 incluida. Es de esperar que haya poca gente, y la hay, pero esto me da más espacio para poder integrarme en lo que me rodea y que es fascinante: el trayecto realmente parte de Tánger y, por tanto, la mayoría de los pasajeros son familias marroquíes que van hacia España o Italia. No es la primera vez que hago este trayecto y debo confesar que la vez anterior me impactó mucho estar en un barco repleto de familias marroquíes que regresaban a ver a sus familias en las vacaciones de Navidad. El ambiente me transportó, y también hora, a Fez, al olor del té a la menta y aquellos desayunos interminables (y riquísimos) en Ifrane. Aquellos años en Marruecos fueron muy especiales y los echo de menos.

En su sana costumbre, que nosotros hemos rotundamente perdido, de estar siempre en grupo, pasear, interactuar, dejar a los niños y niñas sueltos que corran por los pasillos del barco, estas familias dan vida a este barco viejo, venido de Grecia, y en un día tan señalado. Wolf, mi perro, observa a los críos que van de un lado a otro libres y sorprendidos de tanto mar.

Otro detalle, que esta vez me saca mentalmente de Marruecos para llevarme a Asia Central, es la costumbre de ir en pijama en público para desayunar, y sin importarles lo más mínimo. Mientras tomamos nuestro té, desfilan hombres (no he visto ninguna mujer) en pijama, cubiertos por su abrigo, y calzados con babuchas o chanclas. Recuerdo cómo se enfadan en los hoteles en Barcelona cuando los centroasiáticos que participaban en mis proyectos bajaban a desayunar en pijama y chanclas. Y recuerdo a mi querido Carlos, que en paz descanse, el día que me llamó a las siete de la mañana, desde el Hotel Bonanova Park, espantado porque habían bajado todos así a desayunar, y que si yo podía intermediar.

Hay un mar de fondo agradable que ha dejado la tormenta Fabien estos últimos días y hace un rato he visto, a lo lejos, Saint Tropez. Voy seguir disfrutando del trayecto, del viaje, y de quien conmigo va.

domingo, 11 de agosto de 2019

Sorèze, la Montagne Noire y ¡por fin un buen café!


A los pies de la Montaigne Noire, se esconde un pueblo de película, en la zona del Haut-Languedoc, en el que las casas con ventanas y puertas de colores y/o fachadas de colores se sustentan de travesaños que las convierten en irregulares y diferentes.

Una enorme abadía benedictina del siglo VIII preside Sorèze. Ahora convertida en escuela-museo, fue destruida varias veces, pero renació en el siglo XVII al ser convertida en Escuela Real Militar hasta la revolución francesa. La flanquea la torre de San Martín que da paso a las calles principales de un pueblo totalmente fotogénico. Casa tras casa, color tras color, las calles estrechas compiten en vigas de madera en sus fachadas que contrastan con colores, ventanas, puertas, flores y un sinfín de decoraciones que ponen sus habitantes para hacerlas más bonitas aún. Hay que simplemente dejarse llevar por las calles un buen rato y disfrutar de cada detalle.

Y nos sentamos en la plaza de Dom Devic, en el único bar-tienda abierto que es la Epicerie Fine Central, edificio en el que hay una placa que recuerda en nacimiento allí de Jean Mistler, político, escritor y poeta. Las contraventanas azules y la decoración de los escaparates te invitan a entrar y descubrir un rincón de buenos tés, confitures, limonadas artesanales y otras delicatessen de la zona. Así que nos lanzamos a pedir un café, con el riesgo que eso supone en Francia y, ¡sorpresa! un café excepcional. Así que a tomar nota para la próxima.

La plaza me recuerda a la película de Ridley Scott, “Un buen año”, en la que Marion Cotillard seduce a un Russell Crowe que hace de empedernido inglés sin valores ni emociones. Marion trabaja en un restaurante que ocupa la plaza, como esta pizzería, y me la imagino de noche llena de habitantes de la zona.

Una breve parada que merece regreso.

viernes, 9 de agosto de 2019

Las pequeñas librerías de Montolieu

Parece mentira que en el siglo XXI aún queden pueblos que apuesten por los libros, los de toda la vida, en soporte físico, tapas duras o blandas, de grande o pequeño formato. Y ese lugar es Montolieu, en la provincia de Aude, “país cátaro” bajo la vigilancia de la inmensa ciudadela de Carcasonne.

En los años noventa, un encuadernador de libros de Carcassone, Michel Braibant, propuso crear un espacio que protegiera la profesión y todo lo relacionado con la imprenta y los libros físicos que tanto peligro están afrontando en la era digital. Gracias a su colección personal de herramientas y la ayuda de muchos voluntarios, consiguió abrir el Museo. Al poco, libreros y profesionales del sector de las artes gráficas se trasladaron aquí convirtiendo este pueblo en el Village du Livre & des Arts.

Perderse en todas las librerías, que son un total de dieciocho, es algo que no se puede evitar. Libros de todos los formatos y géneros, colecciones, mapas y grabados de siglos anteriores, postales antiguas, revistas, fotografías y todo ello integrado en estanterías irregulares de madera, escaleras de caracol que te llevan a otras pequeñas estancias, sótanos, bóvedas, libros y libros por doquier. Son pequeñas y estrechas, pero inmensamente acogedoras.

Para mí, ha sido un viaje a hace unos veinte años (o más....), cuando descubrí en París Shakespeare & Co y fue mi salvación en aquellos meses de verano en la Cité Universitaire. Descubrí, entre muchos otros, “Papá Goriot” de Honoré de Balzac, una edición antigua que aún conservo y que leí en la Place des Vosges tantas tardes.

Y nada mejor en este día dedicado a los libros que llegar al Château y descubrir que Claude fue directora de una mediateque, ¡durante treinta y ocho años!. Nos cuenta la suerte que considera tuvo de poder tener una profesión cultural que está en extinción, o en evolución para ser más optimistas, y cuántas historias hay detrás de las donaciones de libros y grandes bibliotecas privadas. Coincidimos en esa capacidad que tenemos los amantes de la literatura de poder descubrir a los otros a través de su biblioteca. Y me he sentido feliz de compartir con ella esa capacidad.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Los cafés de Trieste



que ver en TriesteRegresar a Trieste es volver a uno mis lugares en el mundo. Me rodean amigos, cafeterías antiguas, librerías históricas, escritores de mi época universitaria, calles en las que circulan canales y el mar, en definitiva, un aroma que me haría quedarme aquí a escribir horas y horas. Paseo por sus calles, entre austriacas y venecianas, y tengo la sensación de ver a Joyce en cada esquina, entrando en cualquiera de los innumerables cafés que tanto frecuentaba y que decido seguir fielmente para captar un poco de inspiración.

Antico Caffè San Marco

que ver en TriesteEntro en el Antico Caffè SanMarco y me fascino. Lo primero que me sorprende es la cantidad de perros que hay sentados junto a sus dueños que leen el diario, un libro, escriben, trabajan, conversan, miran, etc. La enorme cafetera de bronce ofrece la increíble cantidad de tipos de café que hay que en Trieste y que merece un artículo dedicado a ello. La barra, de nogal oscuro, delimita la zona de 'caffè al banco' de las mesitas de mármol típicas de los cafés parisinos. Hay una zona cocktail, zona repostería, libros para compartir y comprar, mesas acogedoras para hasta ocho personas y techos con personajes del mundo del arte, el teatro y alguno de cómics de otra época. Decido disfrutarlo y quedarme un par de horas con un buen caffè.

Caffè Tommaseo

que ver en TriesteSigo la ruta hacia el Caffè Tommaseo, otro emblema cafetero de la ciudad desde 1830. Conocido también por ser el lugar donde se vendieron los primeros helados de Trieste, está lleno de espejos y la decoración es estilo neoclásico. Durante el imperio austro-húngaro, el café fue espacio de reunión de revolucionarios y por ello hay una placa en la entrada que recuerda “Da questo Caffè Tommaseo, nel 1848, centro del movimento nazionale, si diffuse la fiamma degli entusiasmi per la libertà italiana.” También frecuentado por los conocidos intelectuales de finales del XIX y principios del XX (Svevo, Stendhal, Joyce) es ahora más restaurante que cafetería, aunque preserva una zona con mesas de mármol que invita a tomar un buen prosecco.

Caffè Stella Polare

que ver en TriesteFrente al Ponte Rosso está la estatua de James Joyce que parece mirar al Caffè Stella Polare, de 1867. Fue un espacio enorme, uno de los cafés más incónicos de la ciudad, hasta que en la segunda guerra mundial el espacio fue tomado por las tropas anglo-americanas creando una gran sala de baile y dejando al café en un segundo lugar y con poco espacio. Pese a estar completamente restructurado aún conserva algunos arcos de madera neoclásicos y los grandes espejos.


Caffè degli Specchi
El último café que me da tiempo a disfrutar es el Caffè degli Specchi, en la imponente Piazza Unità d’Italia. Pido mesa fuera porque es fin de año y me apetece ver la plaza llena de luces y la gente que va de un lado a otro con todo tipo de abrigos, gorros, bufandas y acompañados por sus perros. Esta vez pido un chocolate, negro y espeso, pero antes entro a ver el interior y de nuevo estoy ante una cafetería exquisita, llena de grandes espejos que, según leo, proyectaban mucha luz del exterior hacia el interior cuando no existía la electricidad.

Y me dejo para la próxima vez el Caffè Tergesteo, Caffè Cattaruzza, Antico Caffè Torinese y alguno más que intentaré descubrir en mi próxima visita a esta ciudad de frontera tan acogedora y en la que me siento en casa.

sábado, 29 de diciembre de 2018

La Toscana Croata y las colinas de la trufa


que ver en CroaciaLa península de Istria es muy conocida por sus paisajes de mar y una gran opción para viajar en diciembre, pero nos adentramos en su interior, recomendados por varios triestinos con ascendientes familiares en la zona, para hacer un viaje a través del perfume que desprende la trufa.

Groznjan (Grissignana) 

que ver en CroaciaLa primera parada es el pequeño pueblo de Groznjan (Grissignana) que está sobre una colina rodeado de olivos y árboles de caqui. Construído en piedra, todo su eje productivo se basa en la trufa. Un señor de la zona, Zigante, encontró la trufa blanca más grande del mundo que, obviamente, reconoció Guinness. Las ventanas de colores sobre la piedra y una curiosidad, todas las casas tienen frente a la puerta una mesa de piedra con sillas de piedra, quizá para cenar en verano o tomar 'la fresca' como decía mi abuela. Tenemos la suerte de encontrar un bar abierto con unas vistas al valle increíbles y allí tomamos un vino de la zona.

 Momjan (Momiano)

que ver en CroaciaSeguimos con el tour por carreteras estrechas y sinuosas que nos llevan a Momjan (Momiano) donde está el templo gastronómico del tartufo, Konoba Rino. Es un restaurante en el que nada más entrar el aroma de la trufa te invade. Probamos los fusi (pasta) al tartufo, filetto (solomillo) al tartufo y la frittata (tortilla) al tartufo, todo monotema pero es que por estos precios en España pagaríamos el triple! En total, con vino y postre pagamos 120€ pafa cuatro personas.

Nos comenta Elena que su padre, gran cocinero veronés, congelaba il tartufo y recuerda abrir la nevera y encontrarse con su aroma. Es un producto muy preciado en cocina y en esta zona es un enclave único para encontrarlo y degustarlo, y ha permitido a estos pueblos medio abandonados tras las sucesivas guerras, disponer de una economía rural muy valorada por los turistas. Con la trufa hacen chocolate, aceite, salsas y patés, queso, patatas fritas, salami y hasta panettone.

Oprtalj (Portole) 

Se acerca el atardecer y aún nos queda por visitar Oprtalj (Portole) y su impresionante Logia Veneciana. En el siglo XV, esta pequeña población hoy llena de casas aún destruidas por las guerras del siglo pasado, pasa a manos de la Serenissima Republica di Venezia, y habitantes de la laguna se instalaron aquí para establecer redes comerciales. Tan interesante es la zona que las tropas napoleónicas la conquistan a finales del siglo XVIII para en breve pasar a formar parte del imperio austro-ruso y posteriormente a Yugoslavia.

Pasear por Oprtalj es un viaje al pasado. Nada más cruzar el arco de entrada por la muralla, de frente hay un casa reestructurada y convertida en un pequeño museo de la cocina al aire libre. Con poca luz, ya anochece, el atardecer inunda de tonos violeta las casas vacías y destrozadas de la guerra y el olvido. Son muchas e impresiona. Hay más esculturas que personas en Oprtalj pero es lo que le da el encanto de pueblo fantasma.

Motovun

que ver en CroaciaDejamos atrás la colina de Oprtalj con un atardecer alucinante en el que los rayos violeta caen sobre las viñas y olivos. Nos vamos hacia nuestro último destino de la cuna de la trufa, Motovun, aunque llegamos ya de noche y solo nos da tiempo a disfrutar de la extrema pendiente de subida que hay. Nuestro amigo Massimo nos ha dicho que es otra población veneciana y que además su palacio municipal es Patrimonio de la Humanidad, pero ya no llegamos.

Al viajar siempre hay que dejar algo pendiente así que ya tenemos motivo para regresar a seguir descubriendo la historia que hay detrás de estas fabulosas colinas del tartufo.

domingo, 23 de diciembre de 2018

La Costa Azul Francesa, ideal para viajar en diciembre

hoteles costa azul francia
Un lugar donde viajar en diciembre y que tengáis buen tiempo asegurado es la Costa Azul Francesa, concretamente entre Cannes y Niza, en la que encontraréis pueblecitos en lo alto de colinas que fueron lugares de inspiración de pintores, esculturoes y poetas. Hace muchos años que vamos de España a Italia y viceversa por motivos familiares y siempre buscamos un hueco para parar en alguna de las joyas que esconde la Riviera Francesa como Haut de Cagnes, Mougins y tantos otros.


costa azul francia
En este viaje en coche por Francia de ida, buscando alojamiento en Booking cerca de Vence, encontré un pequeño rincón de esos que cuesta llegar pero que cuando descubres te recuerda lo mucho que te gusta viajar en coche por Francia. Entre Vence y Saint Jeannet hay un valle en que se concentraban varios molinos de agua, aceite y harina que servían a toda la zona.


bed and breakfast costa azul
Uno de ellos, convertido en ruinas por el paso del tiempo y la erosión del río que baja con fuerza a través de varias cascadas, lo descubrieron una pareja de jóvenes entusiastas que decidieron emprender una nueva aventura en la costa azul y reconstruirlo. 


Le Moulin Camoula es un chambre d'hôtes que dispone de cuatro habitaciones y un apartamento para cuatro personas con puertas independientes que todas dan al jardín lleno de rincones con salitas de estar y vistas increíbles. Las habitaciones están decoradas con un estilo único, usando la piedra, las maderas y vigas antiguas, hornacinas curiosas, baños integrados y todo en fondo blanco. Son muy acogedoras y las vistas al valle y la banda sonora del río que cae con fuerza por las cascadas convierte Le Moulin Camoula en un refugio perfecto, al menos para mí! Me cuentan sus propietarios que es una zona mítica para escaladores y que se hacen muchas actividades deportivas en la zona. Yo no he tenido mucho tiempo de visitas otros pueblos de la zona que me recomiendan como Saint Paul, Tourettes, Loup, Gordon ni Saint Jeannet (porque además la carretera estaba cortada).
costa azul francia
A tan solo 10 minutos en coche estaréis en Vence, una pequeña población-museo no solo por sus calles adoquinadas, ventanas de colores provenzales y torres que la protegen, sino también por ser lugar en el que vivieron el escritor inglés Lawrence, la bailarina rusa Ida Rubinstein y otras personalidades, y en el que Matisse y Chagall dejaron sus huellas creativas y que al viajar en diciembre descubriréis junto con los decorados navideños.

costa azul francesa
Hay que reconocer que viajar en diciembre por los alpes marítimos es toda una aventura de curvas, colinas o côtes, casas en las que te quedarías a vivir, castillos y domaînes. Una neblina te suele dar los buenos días en ese fabuloso contraste entre la humedad del mar y las faldas de las montañas alpinas, pero en breve el sol se impone para quedarse todo el día. Todos los pueblecitos de alrededor están decorados con ese gusto francés por el detalle y además nos acogen con Wolf en todos los restaurantes y Brasseries a los que vamos así que, de nuevo, viajar en coche por Francia me sigue sorprendiendo más a medida que la descubro.

En el blog del Rincon de Sele encontraréis una guía práctica genial sobre la Costa Azul francesa.

lunes, 6 de agosto de 2018

Aperitivo con vistas en Re Teodorico de Verona

Verona, tan conocida por su Arena y los amantes que Shakespeare inmortalizó, es la ciudad perfecta para ir de aperitivo en los meses de verano ya que el calor de Lago di Garda y la altitud que le confiere ser ciudad base de los Dolomiti, hacen que una ciudad Alpina parezca Caribeña.

Así que buscando lugares para hacer el famoso "Spritz Aperol" y que no estuvieran a pie de calle como las tascas que hay en Via Sottoriva o las que rodean Piazza delle Erbe, descubrimos que en la colina de Re Teodorico o Castel San Pietro hacen, esa misma tarde, un

aperitivo que incluye la subida en el nuevo funicular. Cruzamos el río Adige y llegamos a la estación base de un funicular histórico en Verona ya que fue construido en 1941 cuando la ciudad era una meta turística en la época. Tuvo poco recorrido ya que la Segunda Guerra Mundial devastó la ciudad y el funicular quedó inutilizable hasta la fecha. El recorrido, de 2€ ida y vuelta, es muy breve pero las vistas a la ciudad, Ponte Pietra y teatro romano, ¡lo merecen!

sábado, 31 de marzo de 2018

Fajac La Selve: de castillos, guerras y princesas


Hay lugares que te fascinan fotográficamente, lugares que te enamoran por su arquitectura, su paisaje o por su historia, y otros que es la gente del lugar la que te cautiva, de tal forma, que te sientes uno más. Y eso me ha pasado en el sur de Francia, en esa mítica zona Cátara que tanto había leído y oído, la temida Carcassone y la trágica Montsegur, y que nunca estaba en mis mapas. Pero no voy a escribir sobre la zona porque, además de que ya hay miles de blogs que hablan de ella y todo lo que ofrece, mi experiencia ha sido otra, vinculada con un Castillo occitano del siglo XV, una guerra civil que compartimos, y una princesa intelectualmente fabulosa propietaria del Domaine Fajac La Selve.

Dejando atrás la fortaleza de Carcassone, a unos 60 km al oeste, se encuentra la zona de Aude que me recuerda por sus prados y colinas a la Toscana Italiana, y por las puestas de sol. Un desvío a la izquierda te adentra en un camino flanqueado por cipreses altísimos que te acompañan hasta la entrada del Castillo. Desde lo alto del primer ciprés, ondea una "estelada" y ya intuyo que, por todo lo que he leído sobre esta zona, estamos en gente implicada y que siempre se ha considerado "parte de" una guerra civil, una resistencia, Catalunya...con un poco de historia todo se puede entender mejor.

Claude nos recibe con un té junto a la enorme chimenea azul y una muy buena conversación de prácticamente una hora en mi terrible francés sobre la situación de España y Cataluña, los medios de comunicación, la educación....Y nos dice: "Cuando venga Lola, te explicará muchas cosas de la guerra civil". Y así, es, llega Lola y la conexión ya es total. Intercambiamos impresiones de Cataluña y de cómo la Catalunya Nord está participando, y veo que tengo delante de mi a una persona entusiasta como yo con la memoria histórica y la personal. Nos recomienda ir a Mirepoix y nos dice que durante el desayuno seguimos con la conversación.

Al día siguiente, mientras compartimos desayuno con una pareja de Perpignan que está descubriendo a sus vecinos, llega Lola. Nos enseña los rincones del castillo que desde el año 2010 están recuperando, las leyendas que se esconden en sus habitaciones y torres, la historia de las mujeres que dan nombre a las habitaciones, el claustro que rodea la piscina, las casas que componen el Domaine y las caravanas antiguas que también son alojamientos. 

Compartimos unas tres horas de recuerdos, objetos, conexiones y pasiones. Me cuenta que hay tanto por ver de la Guerra Civil que tengo que volver...en primavera. Y prometo volver muy pronto porque aquí he encontrado uno de esos lugares en los que me quedaría, de realidades y cuentos, de castillos y esfuerzos, guerras y recuerdos, de mujeres y princesas.

sábado, 3 de febrero de 2018

Mi cuarto de siglo en el Café Gijón de Madrid


Hay lugares que el turismo no corrompe. Hay lugares en los que queda intacta la historia, cuentan la historia de un lugar y la historia propia de la persona que lo visita. Este es mi caso, estoy en el café Gijón de Madrid, centro de referencia de artistas, escritores y movimientos generacionales únicos, como la generación del 27.

El café Gijón no es grande. Es un espacio que sigue manteniendo aquel olor y aquellos colores de principios del siglo XX. La gente de Madrid sigue viniendo aquí tanto a tomar café por las tardes, desayunar churros o porras con chocolate, como comerse un fantástico menú de mediodía que vale 12,50€, y que espero no descubran los turistas. 

Parece que fue ayer que tenía 20 años y cogía que el avión de Iberia a las 7:00 de la mañana, porque era el más barato venir a Madrid, a ver a mi amiga Susana y a disfrutar de aquel mundo del cine, de teatros y de cafeterías que tanto me gustaba.

Me han dado una mesa que tiene una ubicación bastante extraña, estoy situada en la entrada a mano derecha viendo de frente a toda la gente que come. Me recuerda la película de "La Colmena" y el café en el que se reúne toda la historia del film.. En el café Gijón hay gente de todo tipo: gente mayor, amigas que conversan, gente que aprovecha la pausa del trabajo, algún turista ojeando mapas, etc. Pero la mayoría de ellos son de aquí. Eso es lo que diferencia el café Gijón de muchos otros lugares en otras ciudades en los que la fama turística del lugar ha hecho que ya sea prácticamente inconcebible para un/a vecino/a ir o visitar.

Miro a mi alrededor en esta panorámica 180° que tengo y veo aquellos cuadros antiguos que dejaron pintores de varias generaciones que venían aquí hacer sus tertulias por las tardes y por las noches, las lámparas tradicionales que hacen el espacio muy acogedor, veo las cuatro columnas que sortean los camareros uniformados y que le dan un estilo neoclásico al espacio, y lo que más me sorprende es el reloj de pared que tantas horas habrá dado en este siglo de vida que tiene el Gijón y que un cuarto de ese siglo me ha pertenecido a mí.


martes, 9 de enero de 2018

Haut-de-Cagnes, refugio de artistas y famosos

La casualidad ha querido que pase una noche en Haut-de-Cagnes, un fabuloso pueblo en los Alpes Marítimos franceses, en el que domina el Castillo Grimaldi, las calles sinuosas y placetas de postal sobre una colina que ofrece unas vistas fabulosas a la luminosa Côte d’Azur.

Nos hospedamos en el Château Le Cagnard, un edificio de piedra del siglo XIII, refugio de artistas como Chagall y de famosos como los Beatles, Robert de Niro y otros que aprovechan las tantas manifestaciones artísticas que se organizan en la zona de Cannes y Niza.

Esta zona, en la que dominan tantas poblaciones turísticas de playas infinitas y edificios-ciudades, siempre me sorprende cuando descubro que en su interior, a tan solo diez o quince kilómetros tierra adentro, hay joyas como Haut-de-Cagnes, Mougins, Saint-Paul-de-Vence y tantas otras que me quedan por visitar. Son pequeñas poblaciones en colinas donde el tráfico no llega, donde los artistas han podido y pueden inspirarse observando esos atardeceres provenzales y en los que apreciar la tranquilidad. No me extraña que Picasso, Renoir, Chagall y tantos otros…

Haut-de-Cagnes, conocida como la Montmatre de la Côte d’Azur, sorprende por el imponente castillo Grimaldi, que alberga un museo de historia y otro dedicado al olivo y su importancia en la zona. El resto de la villa, callejuelas que albergan galerías, algunas tiendas y casas de piedra con ventanales de colores muy propias de toda la Provenza.

 Una breve parada que repetiré en primavera para poder disfrutar de aquellos atardeceres que Renoir inmortalizó.

martes, 26 de diciembre de 2017

Luxemburgo: 7 imprescindibles de “Lux” en Diciembre

Un fin de semana de clima invernal da para poder ver una pequeña ciudad, Luxemburgo, entre mercados de navidad, luces de colores, tiendas chic y gourmet libres de impuestos, parques nevados que bordean las murallas, e imponentes edificios y puentes medievales con torres en punta, a excepción del conjunto Patrimonio de la UNESCO que cierra a finales de noviembre por riesgo de hielo. La ciudad se puede visitar siguiendo varias rutas que van indicando el itinerario con unas marcas en el suelo y que vale la pena recorrer pues guían por callejones, puentes, y torres imprescindibles.

  1. Bock y el Chemin de la Corniche: Desde la iglesia de Saint-Michel se camina hasta las “casemates du Bock”, Patrimonio de la UNESCO, que no podemos ver pues cierran a finales de octubre por las bajas temperaturas. Son unas galerías en forma de cueva que datan del siglo X y que formaban parte del primer castillo fortificado de la ciudad. El paseo desde el Bock hasta el Grund es espectacular!
  2. Grund: Entre caminos, escaleras y pasarelas nevadas, llegamos al Grund, uno de los barrios de la baja Luxemburgo. Animado por bares y restaurantes, encontramos un buen lugar
    para comer, el Restaurante Bosso (www.bosso.lu) con vistas al puente y a esa postal tan conocida de las casas junto al río Alzette.
  3. Pfaffenthal: Otro de los barrios de la ciudad baja al que se accede fácilmente por un ascensor panorámico.
  4. Chocolatería Nathalie Bonn: La Chocolate House Nathalie Bonn es un MUST! Famosa por sus chocolates a la taza con forma de helado que se introduce en la leche y que es una delicia. Además de estar llena de pasteles enormes y otros dulces navideños que pueden ser un buen regalo navideño.
    Está frente al Palacio Ducal, y tiene una terraza con vistas al cambio de la Guardia Real.
  5. Avenue de la Liberté: Un paseo entre edificios imponentes, plazas con mercados navideños y bancos, muchos bancos.
  6. Bistrot Parc-Beaux Arts Hotel: en la Rue de la Sigfroid, comida típica Luxemburguesa como Pachtéit (Bouchée à la reine), Wäinzoossiss sauce moutarde, Boudin noir aux pommes, Filets de harengs à la luxembourgeoise.
  7. Vallée de la Petrusse: ¡que estos días estaba imposible de nieve! Caminata por el río Petrusse que baja el desnivel en el que se encuentra la ciudad y recorres senderos y jardines.
Ciudad perfecta para pasar un fin de semana impagable con dos amigas maravillosas con las que he disfrutado de esta pequeña ciudad-museo!

martes, 3 de octubre de 2017

Fiji: un paradiso da diversi volti

Una carissima amica mi ha chiesto di scrivere 'sensazioni 'su questo posto molto molto lontano per noi e per tante persone.

Arrivati domenica 06.08.17 alle 5 del mattino ci accoglie con un caloroso 'bula !' la signora dove abbiamo noleggiato l'auto. Decidiamo di spostarci subito da Nadi a Suva, la capitale, a circa 3 ore. Il paesaggio e la natura sono vari: si mescolano insieme enormi piante di fiori tropicali, arbusti di bouganville, canna da zucchero, pini verdi ...di un verde meraviglioso: la nitidezza del cielo, della terra rossa e del verde-blu del mare, sono impressionanti!

Ad accoglierci una capitale deserta. È domenica e tutti sono a messe avventiste o metodiste, cantate, o con predicatore con megafono. Musei chiusi, bar chiusi, negozi chiusi, nessuno per strada tranne qualche turista o homeless.

Con il buio poi, già verso le 18 ore -qui è inverno- ci sono bancherelle create sul posto che accendono un fuoco tipo da campeggio e fanno da mangiare a bordo strada ogni sorta di cibo.

I giorni seguenti, piano piano,  (qui il fuso orario mi ha messa ko!) mi permettono di entrare più a contatto con gli odori, i colori del mercato, i villaggi dove vive la gente, il market dove comperi l'acqua, le strade piene di buche e cani abbandonati e, sinceramente, l'immagine reale è diversa dai depliant pubblicitari che si vedono in giro.

Il mare, la foresta, le dune di sabbia (al Sigatoka sand dune sono possibili camminate molto suggestive), la spiaggia - Natadola beach lunghissima e bianchissima - e la natura in generale è spettacolare, ma i villaggi dove la gente vive sono baracche in lamiera che non mi aspettavo.

Parlando con un signore locale, abbiamo conferma che il popolo fijiano ama più oziare, riposare che lavorare. Per questo, quasi tutte le attività industriali e la gestione di Tours e hotels (non parlo di resort che già mi sembra ovvio gestione internazionale) è in mano a indiani che rappresentano il 40% della popolazione delle Fiji.

Visitando poi i loro villaggi si torna indietro nel tempo. C’è un capo villaggio, una chiesa generalmente metodista. La scuola e tutto è gestito dalle persone del villaggio che coltivano e allevano animali. Visitando il Navala village si sente la semplicità di una volta e tutto il villaggio è come una grande famiglia: acqua del fiume, no elettricità, no TV, no ospedale e tutto viene curato con le erbe. Bevono kava, una bevanda fatta con delle radici che pare che abbia effetti eccitanti. Viene offerta ai turisti in segno di benvenuto. Le antiche tradizioni e balli del  popolo conosciuto per il cannibalismo sono diventati spettacoli per turisti anche per tramandare ciò che faceva parte dei momenti di vita.


Una cosa che assolutamente non si può scordare è il sorriso della gente che sempre ha un 'saluto' solare e allegro! Quindi ... vivete anche voi la vostra avventura alle Fiji! Moce!

By Elena Gandini




martes, 22 de agosto de 2017

10 cosas que volveré a hacer cuando regrese a la isla de Gotland

Desconocida para muchos, Gotland es un trocito de Suecia en medio del mar Báltico con personalidad propia. Llanuras verdes habitadas por una raza autóctona de ovejas negras, de cuernos rizados y muy amistosas, acantilados que han desprendido rocas (Raukas) e islotes, y una gente muy acogedora y con ganas de conversar, son algunos de los rasgos de identidad que más me han sorprendido de la famosa isla de Pippi Langstrump.


Acabar un viaje y desear volver es tener un horizonte en el camino. Así que, además de tener ya la lista de lo que no he podido ver, quiero recordar lo que sí volveré a hacer cuando vuelva a Gotland:


  1. Volver a ver tantas veces como pueda la puesta de sol en las Raukas de Gamla Hamn. No tengo palabras para tanta belleza…
  2. Recorrer la muralla de Visby por la calle que la bordea con esas casas de colores que en una próxima visita pienso alquilar. El recorrido no es más de una hora y realmente parece que estés en la serie de Pippi Langstrump.
  3. Disfrutar de la antigua vía de ferrocarril de Hesselby a Roma, con sus antiguos trabajadores escenificando cómo era su día a día.
  4. Visitar las iglesias, todas y cada una de ellas son bellísimas. Pasear por los cementerios que las rodean y observar como los respetan, cuidan y plantan flores a sus seres queridos.
  5. Degustar el Saffranspannkaka, pastel de arroz, azafrán y almendras con mermelada de cualquier fruto del bosque sueco.
  6. Desayunar y merendar té Krauken de miles de sabores y combinaciones, y visitar la tienda delicatessen que hay en el centro de Visby.
  7. Perderme entre las callejuelas de Visby y descubrir una joyería de fósiles de la isla, cuya la propietaria y artista nos cuenta dónde ver playas repletas de fósiles que se pueden recoger.
  8. Pasear por el poblado de pescadores antiguo de Kovik, cuyos habitantes actuales, las vacas, custodian una de las iglesias más bonitas y sorprendentes de la isla; bonita por su sencillez y sorprendente porque el altar lo protagoniza un ancla gigante.
  9. Dejarse llevar por todas las carreteras de la isla de Farö que tanto enamoró a Ingmar Bergman y volver a los poblados de pescadores tan auténticos.
  10. Fotografiar cada rincón de la isla y ¡escribirlo para que otros lo puedan disfrutar!


martes, 15 de agosto de 2017

Laguardia: entre murallas y viñedos


Hay pueblos españoles que merecen siempre un desvío de la autopista, aunque sea para tomar un café y dar un breve pero intenso paseo cultural por su casco medieval. Y uno de esos pueblos es Laguardia, en Álava, una villa que esconde castillos, tesoros y leyendas de nobles y reinas.



Desde el Castillo El Collado en el que nos alejamos, descubrimos un torreón que nos ofrece unas vistas espectaculares a los viñedos, bodegas y lagunas que rodean la villa y que son un manto de un verde intenso en esta época del año pues la vid está a punto de recolección. Me imagino cómo será en unas semanas con el ajetreo y la emoción de la recolección y que, probablemente, sea la principal actividad de la villa una vez el turismo de verano decaiga. El torreón en sí es un pequeño museo-homenaje al vino con muestras de botellas de diferentes zonas vitícolas europeas. 



De paseo entre murallas, es primera hora de la mañana y la villa empieza a despertar con sus bares y algunas tiendas repletas de vinos, pan de vino, queso, longanizas y tantos delicatessen propios que, como siempre, son el mejor souvenir. En la tienda donde compramos un par de vinos de la bodega Medrano Irazu conocemos a una pareja del pueblo que traen un precioso border collie de un mes que se encargará de vigilar sus animales y viñas cercanas al pueblo. Por falta de tiempo no podemos ver el famoso reloj. algunas iglesias y la cueva subterránea pero como nuestro hotel es dogfriendly, podremos volver a pasar un fin de semana cultural y perruno!


Y como bienvenida y despedida, la muralla de la ciudad recuerda a todos una máxima que debería aplicarse a todas la ciudades turísticas:

"Paz a los que llegan,
Salud a los que habitan,
Felicidad a los que marchan"