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jueves, 14 de agosto de 2014

El palacio de verano del último Emir

Abror nos lleva a las afueras de la ciudad, a visitar el palacio de verano del último Emir de Bukhara. Una muralla de colores da paso a un jardín de rosas que conducen al palacio. Se visitan las estancias y habitaciones de la familia, decoradas al estilo bujarí, con pequeñas estanterías de colores talladas con formas ojivales, mosaicos y vidrieras de colores. Horror vacui en todas partes. Hay una pequeña exposición de vestidos tradicionales. Llegamos a uno de ellos, muy parecido a un burka afgano, y Abror nos explica que es el vestido que llevan las novias en el intervalo que va desde que se casan hasta que llegan a la casa del marido. Tras la ceremonia se lo ponen, su padre la introduce en el coche que la llevará a su nueva casa y, cuando llega, el marido la toma en brazos para que no toque el suelo y la introduce en la nueva casa. Una vez allí, puede quitarse el vestido que cubre su cuerpo y rostro por completo.

Llegamos a una piscina que tiene, frente a ella, una torre de madera de color azul. Allí nos cuentan que en la piscina se bañaba el harén de mujeres del emir y éste, una vez al día, lanzaba una naranja a la mujer que pasaría la noche con él. Leyendas…

martes, 12 de agosto de 2014

Los dums

Son los lugares de cruce de las caravanas de la ruta de la seda, donde cambiaban moneda, pesaban los alimentos, y comenzaban los bazares que improvisadamente se construían junto a los caravansarais, centros en los que se reunían para pernoctar los comerciantes de la ruta y sus camellos.


Los dums son un edificio abovedado con cuatro entradas/salidas y que, además de albergar tiendas y tenderetes, actúan como inicio y fin de los bazares y están todos interconectados. De uno de los principales dums, se abre una avenida de tiendas que conecta con la gran mezquita, el Minarete y la Madrasa activa. En esta avenida hay que hacer parada obligatoria en tres lugares: la tienda de cuchillos que tiene más de siete generaciones, la tiendas de especias, y la tetería en la que hacen un té de azafrán y cardamomo espectacular.

domingo, 10 de agosto de 2014

Lyabi House

Nos alojamos en Lyabi House, un hotelito bellísimo a un minuto de la plaza con el mismo nombre y que ejerce de centro social de la zona antigua. El hotel es una antigua casa de un comerciante judío con una sala de desayunos porticada y decorada al más puro estilo bujarí, con pequeños estantes en forma de arco ojival y pintados de azul, rosa y verde.

La plaza Lyabi House se llena a partir de las ocho de tarde de familias, niños que juegan con coches teledirigidos, pequeñas tiendas que venden souvenirs y bares que rodean el pequeño estanque. Rodeando la plaza, una mezquita y dos madrasas. Una de ellas con un restaurante interior fabuloso, lleno de mesas/cama elevadas, típicas de Uzbekistan.

Una de las primeras impresiones es el estado de los edificios, reconstruídos pero no como en el Registan donde se redecora todas las fachadas por la cerámica típica de aquí y sus motivos geométricos o florales. Aquí las madrasas y mezquitas muestran en color de la tierra con algunos azulejos antiguos que se han conservado.


En esta plaza disfrutaremos de unos tés con Abror y Shukhrat, y probaremos el famoso arroz Pilaf uzbeko bajo unos 39 grados de temperatura.

viernes, 8 de agosto de 2014

Bukhara/Buxoro, la más bella

Me quedo con el cielo de Bukhara, impresionantemente estrellado y amplio gracias a la poca iluminación del centro, la poca altura de las casas y la enorme cantidad de madrazas y mezquitas que contrastan en la noche.
Bukhara te traslada al siglo IX y te permite recorrer sus últimos mil años de historia prácticamente intactos. Desde la mezquita de la luna, que fue centro de culto zoroástrico posteriormente prohibido por el Islam, parte una ciudad llena de calles estrechas, callejuelas y plazas en las no hay mezquita o madraza que no sorprenda más que la anterior.
Cualquier imagen de la ciudad se debe ver desde diferentes perspectivas pues lo que más impresiona es el conjunto de tantos edificios singulares, de distintas alturas, colores, formas. Se deben disfrutar los planos generales de cualquier conjunto monumental, pero cortar en pequeños detalles cada esquina, cada azulejo, una panorámica girando 360º sobre el eje de uno mismo, o simplemente “volver la vista atrás”.
De Bukhara me llevo también las noches de azotea, vodka y toast con mis amigos Abror y Shukhrat, frente a la mezquita de Lyabi House, o entre las callejuelas de la ciudad, o la última noche en un restaurante donde van los “locales” a comer buenos sashliks (brocheta de carne) y samsa (empanadilla de carne)

Y, por último, con un toast que hizo Abror recitando a Omar Khayyam!!

miércoles, 6 de agosto de 2014

El huerto de Akmadjon

Al acabar la conferencia, Akmadjon nos sube a su coche y nos lleva  a las afueras de la ciudad. Entramos en una carretera de arena y pasamos por varias casas de campo hasta que llegamos a la que es suya. Nos dice que nos va a enseñar su secreto: su huerto. Lleno de frutales y todo tipo de verduras, dispone hasta de un improvisado invernadero que ha plantado a unos dos metros de profundidad. Nos da a probar el fruto de la morera, que está ahora cayendo por todas las calles de Uzbekistán, el pepino pequeño, que nos lava y nos da a probar, los albaricoques, las cerezas, etc. Un motivo que aparece en todos los dibujos, bordados, cuadros, e incluso cerámica, es la granada, que consumen chafándola poco a poco con los dedos, haciendo un agujerito, y bebiendo como zumo.

lunes, 4 de agosto de 2014

Samarkanda/Samarqand

Cruce de ciencia y conocimiento en dos períodos emblemáticos: siglos IX y X antes de la llegada de Gengis Khan (pronunciado Chingis Jan) y siglo XV, con Ulugbek y su vida dedicada a la ciencia. Del primer periodo queda poco, los restos arqueológicos de Afrosiab, ciudad de los Sogdianos que ocuparon esta zona y que practicaban el Zoroastrismo. El segundo período que comienza con Amir Timur y su conquista de gran parte de Eurasia, llena la ciudad de grandes mezquitas en honor a sus hazañas y que su nieto llenará de Madrasas dedicadas al estudio del Islam y disciplinas científicas como la matemática, la astronomía y la filosofía. Impresionante la mezquita que Bibí Khanum, primera esposa de Amir Timur, le regala para cuando regrese de una sus conquistas. Junto a esta mezquita, el gran bazar de Samarkanda lleno de especias, frutas y frutos secos, souvenirs, entre muchas otras cosas de primera necesidad para los habitantes. Samarkanda es famosa por sus manzanas, pequeñísimas, sus limones color naranja y sus panes, redondos y altos.
El Registan es el indiscutible monumento de la ciudad con gran mezquita central y sus dos madrasas una frente a la otra. Reconstruido en el siglo XX, es el epicentro de la vida social de la ciudad en el que los uzbekos pasean y vienen a pasar las calurosas noches de verano, en familia. Grandes conferencias científicas vuelven a organizarse en el Registán como en el siglo XV, ahora lideradas por la Universidad de Samarcanda.
Amir Timur mandó traer el cuerpo de San Daniel de Irán a Samarcanda y puede verse su mausoleo cerca de otro resto arquitectónico de la ciudad: el Observatorio y el Sextante construido por Ulugbek para sus estudios de astronomía.  Otro importante mausoleo es en el que descansan los restos de Amir Timur, sus hijos, sus nietos (entre ellos Ulugbek) y sus maestros. De hecho, las tumbas de los maestros son las más grandes y una de ellas está coronada por una cola de caballo, símbolo islámico.

Al salir del mausoleo, a mano derecha, se encuentra la antigua Samarkanda, con sus calles estrechas y sin asfaltar y sus casas con patios. Se ha conservado muy poco de esta zona antigua pero un breve paseo es imprescindible.

sábado, 2 de agosto de 2014

Llegada a Uzbekistan/O’zbekistan

Uzbekistan, antigua Turquestán, antigua Persia, invadida por mongoles, turcos, soviets… Tierra de poetas, profetas, filósofos y ciencia, en la que se respira conocimiento por todas las esquinas.
Poco tiempo basta para descubrir un pueblo sencillo, extremadamente acogedor, que disfruta negociando y compartiendo su historia.
El aeropuerto dista pocos kilómetros de la capital, Tashkent, unos 15 minutos en coche. Nos hemos alojado en el Hotel Grand Orzu, una casa de dos plantas sencilla y económica, con un patio-restaurante en el que disfrutar de una buena cerveza Uzbeka, como la Bochka, o la sempiterna Baltika rusa.

Dormimos pocas horas pues nuestro tren, Afrosiyab, sale a las 8.00 de la Vokzal (estación), para llevarnos en poco más de dos horas a Samarkanda.

sábado, 23 de junio de 2012

El arroz más tradicional en Uzbekistan

El pilaf es el plato por excelencia en la cocina uzbeka pero lo encontramos en toda Asia Central así como en otros países vecinos como Georgia y Armenia. No queda claro si viene de la tradición turca o persa pues en la época del gran Tamberlán el imperio de Samarcanda llega hasta Turquía.


En función de la región lo preparan con unos u otros ingredientes y siempre va servido en un gran plato de cerámica típica. Suele haber dos versiones de pilaf, una más ligera y otra con mucha grasa. En ambas hay varios tipos de carne como el cordero y el caballo y un buen combinado de especies que incluyen, como ingrediente principal, el comino.



El pilaf se come en restaurantes especializados de pilaf, es decir, en los que solo sirven el arroz como plato principal con una ensalada y un postre. Merece la pena ir al que hay en Tashkent, bajo la torre de telecomunicaciones, y que es pilaf de la zona de Osh. Su nombre es O'rta osiyo osh markazi. Hay un gran salón comedor con lámparas palaciegas. El arroz se prepara fuera de la sala, al aire libre, en unos grandes hornos de terracota en los que también preparan "samsa". El restaurante ofrecen dos opciones de servicio: recoger el plato o servicio en la mesa, y el menú suele ser precio fijo aunque hay una carta, solo en uzbeko, que propone más opciones.


viernes, 22 de junio de 2012

El pan uzbeko

Es uno de los productos que más se ven por las calles pues las mujeres los preparan en casa y salen con antiguos carritos de bebé llenos de panes redondos, brillantes y de diversas formas. Para muchas mujeres es una importante fuente de ingresos diaria y no solo están en los mercados sino también en las grandes avenidas.

Hay de muchos tipos pero fundamentalmente son tres:
- el pan redondo con un círculo en el centro, formas onduladas en el círculo y en los lados.
- el mismo pero con leche
- el de masa de hojaldre, al que también dan formas distintas.

A la mayoría les ponen especias, entre ellas amapola y comino, que también se encuentran en los mercados y son coloridas y sabrosas.

En el pan de hojaldre preparan los famosos "Samsa" rellenos de carne, verduras o queso.

En este enlace hay recetas de los muchos tipos de pan uzbekos:

http://www.uzbekcuisine.com/breads.html

jueves, 21 de junio de 2012

Registán

Faltan las palabras para describir el impacto que causa la plaza del Registán cuando la ves por primera vez. Te sientes pequeño ante su enorme estructura y, desde el pequeño balcón que han creado para poderlo admirar de frente, te das cuenta de lo pequeños que podemos llegar a ser frente al arte.
 
El Registán son tres madrasas, escuelas universitarias coránicas, que se construyeron en la época de Ulugbek, nieto de Timur o Tamberlán, el gran conquistador centroasiático. Ulugbek fue un científico que quiso convertir Samarkanda no solo en ruta de comunicaciones sino también en epicentro de la ciencia en el siglo XV. Creó las escuelas coránicas y varios centros de investigación.
 
Las madrasas fueron destruidas por los árabes pero a finales del s.XIX se iniciaron los trabajos de reconstrucción que volvieron a pararse en el período soviético. Tras la indepencia de Uzbekistán de la URSS, en 1991, se reinician los trabajos de reconstrucción hasta la fecha.
 
Considerada Samarkanda como una de las siete maravillas del mundo por ser encrucijada de culturas, atrajo científicos, poetas, comerciantes y diplomáticos entre los siglos XIV y XV. Un embajador español, Rui de Clavijo, visitó Samarkanda y reflejó su viaje en el que se considera el primer libro de viajes español.
 
Cada madrasa albergaba 54 estudiantes que estudiaban diferentes disciplinas de la época. Cada madrasa tiene un patio central rodeado por las habitaciones de los estudiantes que a hora son tiendas de souvenirs (portalibros, estuches de madera, mesas de estudio, cerámica). La  mezquita que hay en cada madrasa conserva las vigas de madera pintadas de azul y restos de cómo se construyeron. Las paredes llenas de minúsculos agujeros para facilitar la ventilación recuerdan a Constantinopla y su "horror vacui".
 
Sin duda, la visita la Registán merece un día completo y un lugar para siempre regresar.

La biblioteca de Samarkanda

Salimos a las 8.20 del hotel en dirección a la universidad para poder visitar la Biblioteca que conserva manuscritos desde el siglo XIV. Se considera una de las bibliotecas con más manuscritos conservados del mundo. Muchos de ellos son de poesía de autores persas y otros son coránicos. Samarcanda fue un lugar de ciencia y cultura en los siglos XIV y XV y la producción editorial fue muy importante para los estudios de matemática, teologia, astronomía y poesía que realizaban en las madrasas (que más tarde veremos).
El profesor Shukhrat, que custodia la biblioteca, nos cuenta cómo los catalogan e incluso digitalizan gracias a un proyecto que lideró nuestra cátedra. El espacio es muy pequeño pero los estantes de manuscritos llegan hasta el techo, bien sea ordenados o amontonados. Cuánto trabajo queda por hacer!

miércoles, 20 de junio de 2012

Una jornada de trabajo en la Samarkand State University


Desayuno a la soviet con café imbebible para una amante del Lavazza, pan duro y mantequilla pasada por agua. La mejor opción siempre es el queso.
Dedicamos el día entero a trabajar intensamente para poder tener un día libre de reuniones y visitar la ciudad. Nos ponemos en el

auditorio de la universidad, que incluso tiene wifi! Participa en la reunión una chica que está estudiando español y que nos sorprende con todo lo que ha aprendido e
n cuatro meses gracias a un programa de la AECID. Los estudiantes van vestidos de calle, sin uniformes, y los profesores también. Al mediodía nos llevan a comer a una especie de "mensa" universitaria, con moscas por todas partes por el calor. La comida es buena y sencilla, con mucho arroz.
Volvemos pasando por la plaza que homenajea a Amir Timur y en la que está el antiguo hotel estatal Afrosiab, ahora en venta. Toda ciudad tenía un hotel estatal en la época soviética.
Al acabar las reuniones, el profesor Ismail nos invita a cenar a su casa, en un jardín que tiene lleno de árboles frutales. La casa es grande, con un muro alto y varias estancias adosadas. La señora del profesor nos recibe y se mete en la cocina. Servirá los platos y no se sentará a la mesa con nosotros. Es un costumbre que he podido comprobar en varios países de Asia Central. Nos prepara toasts y el más importante para la señora y cocinera de la casa. Es oftalmóloga, ahora retirada, y tiene seis nietos, "todos en Europa" -nos dice con nostalgia.
rar deliciosas verduras, entre las que destaco la coliflor rebozada, y ternera con muchos tipos de ensaladas. Es una cena entrañable y bonita, llena de

martes, 19 de junio de 2012

De camino a Samarcanda

Tras volar toda la noche, los profesores Ismail y Adkhmadjon nos esperan en el aeropuerto de Tashkent. No tenemos ningún problema en el Passport control pero nos olvidamos de hacer el documento de entrada de la Customs por duplicado, uno para la entrada y otro para la salida. Las maletas vuelven a pasar por un metal detector, nos sellan el visado, de nuevo controlan el pasaporte y, finalmente, salimos al exterior.
Tras una valla está la gente que espera a los viajeros. Son las 08.00 y ya hay 35 grados y un sol aplastante. Nos reciben los profesores y emprendemos viaje de 3 horas y 30 minutos, 3 personas en el asiento trasero. Entre la alfombra que nos han colocado en el asiento, los 35 grados que van en aumento, la falta de aire acondicionado y los baches de la carretera, literalmente parece que volemos!
La carretera, aún siendo de dos carriles al estilo autovía, tiene unos baches increíbles, anchos, profundos, que van acentuándose a medida que dejamos la capital. Tampoco ha perdido el valor de "encrucijada de culturas" y de la ruta de la seda por el comercio que en toda ella hay durante todo el trayecto: manzanas pequeñísimas de Samarkanda, enormes sandías y melones, miel y frutos secos, entre otros. Los puestos conviven con vacas y corderos que pastan en los arcenes de la carretera, que también sirven a los carros de caballos, mulas y burros para el transporte en ambas direcciones.
Los primeros 150 kilómetros son paisajes verdes, campos cultivados, superficies bastante llanas en las que hay pueblos con pocas casas, como aldeas. Las casas son mayoritariamente de un piso, sencillas, blancas o de color tierra, con tejados de uralita y un muro alto que las rodea. Pasados los 150 kilómetros se deja ver el desierto, ríos secos y dunas.
Cuando llegamos a Samarkanda la temperatura es de 40 grados. Nos dejan en el hotel (Majestic) para que descansemos un par de horas. No entienden que estamos tan cansadas que no podemos ni comer.
El Rector nos recibe a las 15.00 y nos agradece el viaje y la gestión del proyecto. Intercambiamos regalos: una cerámica que es un taxi de Barcelona por unos bolsos y pañuelos uzbekos de seda y nos emplazan a la primera cena, en la sala de un típico restaurante soviet con la mesa repleta de ensaladas, hierbas, smetana (queso-nata), zumo de sandía, kebab, borsch (sopa). No puedo recordar la cantidad de toasts (brindis) que hemos llegado a hacer!