viernes, 17 de febrero de 2017

Roma: un caos italiano en 3 dimensiones

Hace más de 16 años que vengo a Roma y, nada más aterrizar, ya me siento en casa. Es una ciudad cuyo caos organiza mi ideas, provoca mis sonrisas y me obliga a perderme y olvidarme de mapas, rumbos y planes. Las capitales del mundo suelen ser atractivas por su capacidad de atrapar al turista con ofertas y actividades pero Roma es única por una belleza que aúna lo mejor y lo peor de una gran ciudad.

El tráfico es quizás el aspecto que más sorprende al foráneo pero que más motivos de asombro y sonrisa ofrece con sus discusiones, sus gestos y su continua transgresión de las normas. Motos en contra dirección, coches en triples "no" filas y el choque de los neumáticos en los adoquines que provoca ese intenso y constante rumor de fondo.

Las via, viale, viccolo, lungo, etc. infinitas formas que nombrar esas calles que se entrelazan, se cortan, forman curvas, plazas cuadradas, rectangulares, redondas, sin forma. Una geometría que es, en sí misma, un inmenso museo.

La gente que se apelotona en los autobuses sin convalidare el billete, que salen cada tanto a por una de sus tantas, y velocísimas, raciones de caffè, sus gestos en esas discusiones ingeniosas donde el ataque es un arte y la aceptación del mismo una habilidad, la sonrisa del buon giorno por la mañana y la buona giornata al despedirse, son características de unas ciudadanas y ciudadanos que se han adaptado con mucha habilidad a este caos.

Y en la propia definición del caos radica la belleza de Roma: ciudad impredecible.






jueves, 5 de enero de 2017

365 días, 12 viajes, 70.000 kilómetros...around the world!

El 2016 ha sido un año en el que hemos viajado, por motivos profesionales y personales, más de 70.000 kilómetros en 12 viajes de los que queremos destacar alguna característica que nos ha impactado y que queremos compartir y recordar:



  • Córcega: Nos ha gustado tanto que en un mismo año la hemos visitado dos veces. Paisajes rocosos con un mar transparente o montañas de altura ricas en minerales verdes y rosas, pueblos de piedra vigilando las colinas y quesos de cabras y ovejas que aún viven en libertad.
  • Formentera: Descubrirla en invierno es lo mejor que podemos compartir, con sus verdaderos habitantes, las carreteras y plazas vacías, los restaurantes locales. Recorrer la carretera del Cap de Barbaria en moto es una experiencia única.
  • Lisboa: Siempre acogedora, este año hemos descubierto las vistas del Tejo desde el Cais do Sodré, con un paseo por el litoral del río lleno de bares para probar diferentes petiscos do mar.
  • Estocolmo: Fabuloso paseo por el archipiélago de Estocolmo gobernando un barco de madera y disfrutando de una muy buena cocina de mar.
  • Amsterdam: Callejear y descubrir tiendas de cosas innovadoras, sostenibles, juguetes de nuestra infancia y una fantástica birreria famosa por sus cacahuetes.
  • La Vall d'Aran: Además de sus paisajes y senderos, esta vez nos hemos fascinado con sus productos naturales, desde yogures, carne, embutido, pan y todo elaborado en la Vall y con animales en libertad.
  • Kazakhstan: País que hemos visitado en varias ocasiones pero nunca había podido salir de la ciudad de Almaty. Descubrir la moderna Astaná, recorrer en tren la estepa hasta Karagandá y conocer una ciudad que tuvo uno de los gulags más grandes de la URSS y vivir la hospitalidad de los centro asiáticos en sus yurtas y casa.
  • Georgia: Tblisi es una ciudad de cuento. Descender el castillo por los callejones que mezclan rasgos de varias religiones, culturas y pueblos la convierte, en mi opinión, en una de las ciudad más bonitas que conozco. Tengo pendiente escribir varios post sobre esta increíble ciudad.
  • Armenia: Yerevan es nostálgica y tímida, monumental en su arquitectura y rebosante de arte, cultura, manuscritos, tradición. Otro viaje que tengo pendiente escribir.
  • Tenerife: El ascenso al Teide desde la carretera de las Cañadas del Teide y la bajada hacia Santiago del Teide es espectacular, la primera, por sus vistas al volcán; la segunda, por el mar de lava que te rodea durante un buen rato.
  • China: Primer contacto con Pekín, ciudad que me recuerda mucho a las de Asia Central, con un tráfico caótica, una ciudad prohibida imponente, una Tiananmen fría y una nube tóxica limitante. Espero este nuevo año conocerla mejor.
  • Cerdeña: Nueva isla en invierno en nuestra lista. Con un manto verde sorprendente, llena de vida animal y gentes amabilísimas, nos conquista su forma de entender la comida, la cocina, el trato al producto sea animal o vegetal. Un isla 100% Slow Food.
Un año lleno de fotografías en la memoria pero que, por encima de todas, destacaría la siguiente:

Feliz año a tod@s!

sábado, 17 de diciembre de 2016

En busca de Tz’u-hsi

Hay viajes que, aunque nunca los hayas incluido en la travel priority list, han estado escondidos en tus sueños de infancia por alguna razón y sabes que el día que los hagas serán un regreso al pasado. Y eso es lo que yo he emprendido esta semana, un viaje a una infancia en la que me rodeé de China, concretamente de Beijing, o Pekín en español, casi sin darme cuenta.

Desde los ocho años hasta los veinte conviví con unos maravillosos perros pequineses que, a pesar de la fama que tienen de malhumorados, fueron una de las mejores compañías como niña y posterior adolescente. La primera en llegar fue Tz’u-hsi, que mi padre bautizó con el nombre de la última Emperatriz de la dinastía Qing, pues parece ser que esta emperatriz adoraba a estos canes. Mi perrita Tz’u-hsi fue la primera de una dinastía canina de pequineses en Castelldefels, de entre los que destacó Tito, que fue el emperador canino pequinés más guapo que he visto. La dinastía canina llegó amplió sus dominios a Aragón con la princesa Gaily, nombre escocés que mi abuela aceptó y que nunca pudo pronunciar.

Mi segunda conexión con Beijing y China, en general, es el cine, cosa que no es de extrañar en mí pues en mi vida ha sido una forma de viajar a otros lugares, vidas, historias, etc. En este caso, dos películas me acompañaron en mi infancia y también, he de reconocer, de la mano de mi padre: El último emperador y El imperio del Sol. En el primer caso, me fascinó la ciudad prohibida y ese joven emperador que desbordaba una sensibilidad que iba más a allá de esos muros que he visto estos días, y en el segundo, la canción Guo-Sân que canta Christian Bale de niño a los soldados japoneses y que llevo tarareando toda mi vida. 

Aquí os la dejo y prometo impresiones de mi breve viaje en el próximo post.