martes, 3 de octubre de 2017

Fiji: un paradiso da diversi volti

Una carissima amica mi ha chiesto di scrivere 'sensazioni 'su questo posto molto molto lontano per noi e per tante persone.

Arrivati domenica 06.08.17 alle 5 del mattino ci accoglie con un caloroso 'bula !' la signora dove abbiamo noleggiato l'auto. Decidiamo di spostarci subito da Nadi a Suva, la capitale, a circa 3 ore. Il paesaggio e la natura sono vari: si mescolano insieme enormi piante di fiori tropicali, arbusti di bouganville, canna da zucchero, pini verdi ...di un verde meraviglioso: la nitidezza del cielo, della terra rossa e del verde-blu del mare, sono impressionanti!

Ad accoglierci una capitale deserta. È domenica e tutti sono a messe avventiste o metodiste, cantate, o con predicatore con megafono. Musei chiusi, bar chiusi, negozi chiusi, nessuno per strada tranne qualche turista o homeless.

Con il buio poi, già verso le 18 ore -qui è inverno- ci sono bancherelle create sul posto che accendono un fuoco tipo da campeggio e fanno da mangiare a bordo strada ogni sorta di cibo.

I giorni seguenti, piano piano,  (qui il fuso orario mi ha messa ko!) mi permettono di entrare più a contatto con gli odori, i colori del mercato, i villaggi dove vive la gente, il market dove comperi l'acqua, le strade piene di buche e cani abbandonati e, sinceramente, l'immagine reale è diversa dai depliant pubblicitari che si vedono in giro.

Il mare, la foresta, le dune di sabbia (al Sigatoka sand dune sono possibili camminate molto suggestive), la spiaggia - Natadola beach lunghissima e bianchissima - e la natura in generale è spettacolare, ma i villaggi dove la gente vive sono baracche in lamiera che non mi aspettavo.

Parlando con un signore locale, abbiamo conferma che il popolo fijiano ama più oziare, riposare che lavorare. Per questo, quasi tutte le attività industriali e la gestione di Tours e hotels (non parlo di resort che già mi sembra ovvio gestione internazionale) è in mano a indiani che rappresentano il 40% della popolazione delle Fiji.

Visitando poi i loro villaggi si torna indietro nel tempo. C’è un capo villaggio, una chiesa generalmente metodista. La scuola e tutto è gestito dalle persone del villaggio che coltivano e allevano animali. Visitando il Navala village si sente la semplicità di una volta e tutto il villaggio è come una grande famiglia: acqua del fiume, no elettricità, no TV, no ospedale e tutto viene curato con le erbe. Bevono kava, una bevanda fatta con delle radici che pare che abbia effetti eccitanti. Viene offerta ai turisti in segno di benvenuto. Le antiche tradizioni e balli del  popolo conosciuto per il cannibalismo sono diventati spettacoli per turisti anche per tramandare ciò che faceva parte dei momenti di vita.


Una cosa che assolutamente non si può scordare è il sorriso della gente che sempre ha un 'saluto' solare e allegro! Quindi ... vivete anche voi la vostra avventura alle Fiji! Moce!

By Elena Gandini




martes, 22 de agosto de 2017

10 cosas que volveré a hacer cuando regrese a la isla de Gotland

Desconocida para muchos, Gotland es un trocito de Suecia en medio del mar Báltico con personalidad propia. Llanuras verdes habitadas por una raza autóctona de ovejas negras, de cuernos rizados y muy amistosas, acantilados que han desprendido rocas (Raukas) e islotes, y una gente muy acogedora y con ganas de conversar, son algunos de los rasgos de identidad que más me han sorprendido de la famosa isla de Pippi Langstrump.


Acabar un viaje y desear volver es tener un horizonte en el camino. Así que, además de tener ya la lista de lo que no he podido ver, quiero recordar lo que sí volveré a hacer cuando vuelva a Gotland:


  1. Volver a ver tantas veces como pueda la puesta de sol en las Raukas de Gamla Hamn. No tengo palabras para tanta belleza…
  2. Recorrer la muralla de Visby por la calle que la bordea con esas casas de colores que en una próxima visita pienso alquilar. El recorrido no es más de una hora y realmente parece que estés en la serie de Pippi Langstrump.
  3. Disfrutar de la antigua vía de ferrocarril de Hesselby a Roma, con sus antiguos trabajadores escenificando cómo era su día a día.
  4. Visitar las iglesias, todas y cada una de ellas son bellísimas. Pasear por los cementerios que las rodean y observar como los respetan, cuidan y plantan flores a sus seres queridos.
  5. Degustar el Saffranspannkaka, pastel de arroz, azafrán y almendras con mermelada de cualquier fruto del bosque sueco.
  6. Desayunar y merendar Krauken de miles de sabores y combinaciones, y visitar la tienda delicatessen que hay en el centro de Visby.
  7. Perderme entre las callejuelas de Visby y descubrir una joyería de fósiles de la isla, cuya la propietaria y artista nos cuenta dónde ver playas repletas de fósiles que se pueden recoger.
  8. Pasear por el poblado de pescadores antiguo de Kovik, cuyos habitantes actuales, las vacas, custodian una de las iglesias más bonitas y sorprendentes de la isla; bonita por su sencillez y sorprendente porque el altar lo protagoniza un ancla gigante.
  9. Dejarse llevar por todas las carreteras de la isla de Farö que tanto enamoró a Ingmar Bergman y volver a los poblados de pescadores tan auténticos.
  10. Fotografiar cada rincón de la isla y ¡escribirlo para que otros lo puedan disfrutar!


martes, 15 de agosto de 2017

Laguardia: entre murallas y viñedos


Hay pueblos españoles que merecen siempre un desvío de la autopista, aunque sea para tomar un café y dar un breve pero intenso paseo cultural por su casco medieval. Y uno de esos pueblos es Laguardia, en Álava, una villa que esconde castillos, tesoros y leyendas de nobles y reinas.



Desde el Castillo El Collado en el que nos alejamos, descubrimos un torreón que nos ofrece unas vistas espectaculares a los viñedos, bodegas y lagunas que rodean la villa y que son un manto de un verde intenso en esta época del año pues la vid está a punto de recolección. Me imagino cómo será en unas semanas con el ajetreo y la emoción de la recolección y que, probablemente, sea la principal actividad de la villa una vez el turismo de verano decaiga. El torreón en sí es un pequeño museo-homenaje al vino con muestras de botellas de diferentes zonas vitícolas europeas. 



De paseo entre murallas, es primera hora de la mañana y la villa empieza a despertar con sus bares y algunas tiendas repletas de vinos, pan de vino, queso, longanizas y tantos delicatessen propios que, como siempre, son el mejor souvenir. En la tienda donde compramos un par de vinos de la bodega Medrano Irazu conocemos a una pareja del pueblo que traen un precioso border collie de un mes que se encargará de vigilar sus animales y viñas cercanas al pueblo. Por falta de tiempo no podemos ver el famoso reloj. algunas iglesias y la cueva subterránea pero como nuestro hotel es dogfriendly, podremos volver a pasar un fin de semana cultural y perruno!


Y como bienvenida y despedida, la muralla de la ciudad recuerda a todos una máxima que debería aplicarse a todas la ciudades turísticas:

"Paz a los que llegan,
Salud a los que habitan,
Felicidad a los que marchan"