sábado, 31 de marzo de 2018

Fajac La Selve: de castillos, guerras y princesas


Hay lugares que te fascinan fotográficamente, lugares que te enamoran por su arquitectura, su paisaje o por su historia, y otros que es la gente del lugar la que te cautiva, de tal forma, que te sientes uno más. Y eso me ha pasado en el sur de Francia, en esa mítica zona Cátara que tanto había leído y oído, la temida Carcassone y la trágica Montsegur, y que nunca estaba en mis mapas. Pero no voy a escribir sobre la zona porque, además de que ya hay miles de blogs que hablan de ella y todo lo que ofrece, mi experiencia ha sido otra, vinculada con un Castillo occitano del siglo XV, una guerra civil que compartimos, y una princesa intelectualmente fabulosa propietaria del Domaine Fajac La Selve.

Dejando atrás la fortaleza de Carcassone, a unos 60 km al oeste, se encuentra la zona de Aude que me recuerda por sus prados y colinas a la Toscana Italiana, y por las puestas de sol. Un desvío a la izquierda te adentra en un camino flanqueado por cipreses altísimos que te acompañan hasta la entrada del Castillo. Desde lo alto del primer ciprés, ondea una "estelada" y ya intuyo que, por todo lo que he leído sobre esta zona, estamos en gente implicada y que siempre se ha considerado "parte de" una guerra civil, una resistencia, Catalunya...con un poco de historia todo se puede entender mejor.

Claude nos recibe con un té junto a la enorme chimenea azul y una muy buena conversación de prácticamente una hora en mi terrible francés sobre la situación de España y Cataluña, los medios de comunicación, la educación....Y nos dice: "Cuando venga Lola, te explicará muchas cosas de la guerra civil". Y así, es, llega Lola y la conexión ya es total. Intercambiamos impresiones de Cataluña y de cómo la Catalunya Nord está participando, y veo que tengo delante de mi a una persona entusiasta como yo con la memoria histórica y la personal. Nos recomienda ir a Mirepoix y nos dice que durante el desayuno seguimos con la conversación.

Al día siguiente, mientras compartimos desayuno con una pareja de Perpignan que está descubriendo a sus vecinos, llega Lola. Nos enseña los rincones del castillo que desde el año 2010 están recuperando, las leyendas que se esconden en sus habitaciones y torres, la historia de las mujeres que dan nombre a las habitaciones, el claustro que rodea la piscina, las casas que componen el Domaine y las caravanas antiguas que también son alojamientos. 

Compartimos unas tres horas de recuerdos, objetos, conexiones y pasiones. Me cuenta que hay tanto por ver de la Guerra Civil que tengo que volver...en primavera. Y prometo volver muy pronto porque aquí he encontrado uno de esos lugares en los que me quedaría, de realidades y cuentos, de castillos y esfuerzos, guerras y recuerdos, de mujeres y princesas.

sábado, 3 de febrero de 2018

Mi cuarto de siglo en el Café Gijón de Madrid


Hay lugares que el turismo no corrompe. Hay lugares en los que queda intacta la historia, cuentan la historia de un lugar y la historia propia de la persona que lo visita. Este es mi caso, estoy en el café Gijón de Madrid, centro de referencia de artistas, escritores y movimientos generacionales únicos, como la generación del 27.

El café Gijón no es grande. Es un espacio que sigue manteniendo aquel olor y aquellos colores de principios del siglo XX. La gente de Madrid sigue viniendo aquí tanto a tomar café por las tardes, desayunar churros o porras con chocolate, como comerse un fantástico menú de mediodía que vale 12,50€, y que espero no descubran los turistas. 

Parece que fue ayer que tenía 20 años y cogía que el avión de Iberia a las 7:00 de la mañana, porque era el más barato venir a Madrid, a ver a mi amiga Susana y a disfrutar de aquel mundo del cine, de teatros y de cafeterías que tanto me gustaba.

Me han dado una mesa que tiene una ubicación bastante extraña, estoy situada en la entrada a mano derecha viendo de frente a toda la gente que come. Me recuerda la película de "La Colmena" y el café en el que se reúne toda la historia del film.. En el café Gijón hay gente de todo tipo: gente mayor, amigas que conversan, gente que aprovecha la pausa del trabajo, algún turista ojeando mapas, etc. Pero la mayoría de ellos son de aquí. Eso es lo que diferencia el café Gijón de muchos otros lugares en otras ciudades en los que la fama turística del lugar ha hecho que ya sea prácticamente inconcebible para un/a vecino/a ir o visitar.

Miro a mi alrededor en esta panorámica 180° que tengo y veo aquellos cuadros antiguos que dejaron pintores de varias generaciones que venían aquí hacer sus tertulias por las tardes y por las noches, las lámparas tradicionales que hacen el espacio muy acogedor, veo las cuatro columnas que sortean los camareros uniformados y que le dan un estilo neoclásico al espacio, y lo que más me sorprende es el reloj de pared que tantas horas habrá dado en este siglo de vida que tiene el Gijón y que un cuarto de ese siglo me ha pertenecido a mí.


martes, 9 de enero de 2018

Haut-de-Cagnes, refugio de artistas y famosos

La casualidad ha querido que pase una noche en Haut-de-Cagnes, un fabuloso pueblo en los Alpes Marítimos franceses, en el que domina el Castillo Grimaldi, las calles sinuosas y placetas de postal sobre una colina que ofrece unas vistas fabulosas a la luminosa Côte d’Azur.

Nos hospedamos en el Château Le Cagnard, un edificio de piedra del siglo XIII, refugio de artistas como Chagall y de famosos como los Beatles, Robert de Niro y otros que aprovechan las tantas manifestaciones artísticas que se organizan en la zona de Cannes y Niza.

Esta zona, en la que dominan tantas poblaciones turísticas de playas infinitas y edificios-ciudades, siempre me sorprende cuando descubro que en su interior, a tan solo diez o quince kilómetros tierra adentro, hay joyas como Haut-de-Cagnes, Mougins, Saint-Paul-de-Vence y tantas otras que me quedan por visitar. Son pequeñas poblaciones en colinas donde el tráfico no llega, donde los artistas han podido y pueden inspirarse observando esos atardeceres provenzales y en los que apreciar la tranquilidad. No me extraña que Picasso, Renoir, Chagall y tantos otros…

Haut-de-Cagnes, conocida como la Montmatre de la Côte d’Azur, sorprende por el imponente castillo Grimaldi, que alberga un museo de historia y otro dedicado al olivo y su importancia en la zona. El resto de la villa, callejuelas que albergan galerías, algunas tiendas y casas de piedra con ventanales de colores muy propias de toda la Provenza.

 Una breve parada que repetiré en primavera para poder disfrutar de aquellos atardeceres que Renoir inmortalizó.