martes, 9 de enero de 2018

Haut-de-Cagnes, refugio de artistas y famosos

La casualidad ha querido que pase una noche en Haut-de-Cagnes, un fabuloso pueblo en los Alpes Marítimos franceses, en el que domina el Castillo Grimaldi, las calles sinuosas y placetas de postal sobre una colina que ofrece unas vistas fabulosas a la luminosa Côte d’Azur.

Nos hospedamos en el Château Le Cagnard, un edificio de piedra del siglo XIII, refugio de artistas como Chagall y de famosos como los Beatles, Robert de Niro y otros que aprovechan las tantas manifestaciones artísticas que se organizan en la zona de Cannes y Niza.

Esta zona, en la que dominan tantas poblaciones turísticas de playas infinitas y edificios-ciudades, siempre me sorprende cuando descubro que en su interior, a tan solo diez o quince kilómetros tierra adentro, hay joyas como Haut-de-Cagnes, Mougins, Saint-Paul-de-Vence y tantas otras que me quedan por visitar. Son pequeñas poblaciones en colinas donde el tráfico no llega, donde los artistas han podido y pueden inspirarse observando esos atardeceres provenzales y en los que apreciar la tranquilidad. No me extraña que Picasso, Renoir, Chagall y tantos otros…

Haut-de-Cagnes, conocida como la Montmatre de la Côte d’Azur, sorprende por el imponente castillo Grimaldi, que alberga un museo de historia y otro dedicado al olivo y su importancia en la zona. El resto de la villa, callejuelas que albergan galerías, algunas tiendas y casas de piedra con ventanales de colores muy propias de toda la Provenza.

 Una breve parada que repetiré en primavera para poder disfrutar de aquellos atardeceres que Renoir inmortalizó.

martes, 26 de diciembre de 2017

Luxemburgo: 7 imprescindibles de “Lux” en Diciembre

Un fin de semana de clima invernal da para poder ver una pequeña ciudad, Luxemburgo, entre mercados de navidad, luces de colores, tiendas chic y gourmet libres de impuestos, parques nevados que bordean las murallas, e imponentes edificios y puentes medievales con torres en punta, a excepción del conjunto Patrimonio de la UNESCO que cierra a finales de noviembre por riesgo de hielo. La ciudad se puede visitar siguiendo varias rutas que van indicando el itinerario con unas marcas en el suelo y que vale la pena recorrer pues guían por callejones, puentes, y torres imprescindibles.

  1. Bock y el Chemin de la Corniche: Desde la iglesia de Saint-Michel se camina hasta las “casemates du Bock”, Patrimonio de la UNESCO, que no podemos ver pues cierran a finales de octubre por las bajas temperaturas. Son unas galerías en forma de cueva que datan del siglo X y que formaban parte del primer castillo fortificado de la ciudad. El paseo desde el Bock hasta el Grund es espectacular!
  2. Grund: Entre caminos, escaleras y pasarelas nevadas, llegamos al Grund, uno de los barrios de la baja Luxemburgo. Animado por bares y restaurantes, encontramos un buen lugar
    para comer, el Restaurante Bosso (www.bosso.lu) con vistas al puente y a esa postal tan conocida de las casas junto al río Alzette.
  3. Pfaffenthal: Otro de los barrios de la ciudad baja al que se accede fácilmente por un ascensor panorámico.
  4. Chocolatería Nathalie Bonn: La Chocolate House Nathalie Bonn es un MUST! Famosa por sus chocolates a la taza con forma de helado que se introduce en la leche y que es una delicia. Además de estar llena de pasteles enormes y otros dulces navideños que pueden ser un buen regalo navideño.
    Está frente al Palacio Ducal, y tiene una terraza con vistas al cambio de la Guardia Real.
  5. Avenue de la Liberté: Un paseo entre edificios imponentes, plazas con mercados navideños y bancos, muchos bancos.
  6. Bistrot Parc-Beaux Arts Hotel: en la Rue de la Sigfroid, comida típica Luxemburguesa como Pachtéit (Bouchée à la reine), Wäinzoossiss sauce moutarde, Boudin noir aux pommes, Filets de harengs à la luxembourgeoise.
  7. Vallée de la Petrusse: ¡que estos días estaba imposible de nieve! Caminata por el río Petrusse que baja el desnivel en el que se encuentra la ciudad y recorres senderos y jardines.
Ciudad perfecta para pasar un fin de semana impagable con dos amigas maravillosas con las que he disfrutado de esta pequeña ciudad-museo!

martes, 3 de octubre de 2017

Fiji: un paradiso da diversi volti

Una carissima amica mi ha chiesto di scrivere 'sensazioni 'su questo posto molto molto lontano per noi e per tante persone.

Arrivati domenica 06.08.17 alle 5 del mattino ci accoglie con un caloroso 'bula !' la signora dove abbiamo noleggiato l'auto. Decidiamo di spostarci subito da Nadi a Suva, la capitale, a circa 3 ore. Il paesaggio e la natura sono vari: si mescolano insieme enormi piante di fiori tropicali, arbusti di bouganville, canna da zucchero, pini verdi ...di un verde meraviglioso: la nitidezza del cielo, della terra rossa e del verde-blu del mare, sono impressionanti!

Ad accoglierci una capitale deserta. È domenica e tutti sono a messe avventiste o metodiste, cantate, o con predicatore con megafono. Musei chiusi, bar chiusi, negozi chiusi, nessuno per strada tranne qualche turista o homeless.

Con il buio poi, già verso le 18 ore -qui è inverno- ci sono bancherelle create sul posto che accendono un fuoco tipo da campeggio e fanno da mangiare a bordo strada ogni sorta di cibo.

I giorni seguenti, piano piano,  (qui il fuso orario mi ha messa ko!) mi permettono di entrare più a contatto con gli odori, i colori del mercato, i villaggi dove vive la gente, il market dove comperi l'acqua, le strade piene di buche e cani abbandonati e, sinceramente, l'immagine reale è diversa dai depliant pubblicitari che si vedono in giro.

Il mare, la foresta, le dune di sabbia (al Sigatoka sand dune sono possibili camminate molto suggestive), la spiaggia - Natadola beach lunghissima e bianchissima - e la natura in generale è spettacolare, ma i villaggi dove la gente vive sono baracche in lamiera che non mi aspettavo.

Parlando con un signore locale, abbiamo conferma che il popolo fijiano ama più oziare, riposare che lavorare. Per questo, quasi tutte le attività industriali e la gestione di Tours e hotels (non parlo di resort che già mi sembra ovvio gestione internazionale) è in mano a indiani che rappresentano il 40% della popolazione delle Fiji.

Visitando poi i loro villaggi si torna indietro nel tempo. C’è un capo villaggio, una chiesa generalmente metodista. La scuola e tutto è gestito dalle persone del villaggio che coltivano e allevano animali. Visitando il Navala village si sente la semplicità di una volta e tutto il villaggio è come una grande famiglia: acqua del fiume, no elettricità, no TV, no ospedale e tutto viene curato con le erbe. Bevono kava, una bevanda fatta con delle radici che pare che abbia effetti eccitanti. Viene offerta ai turisti in segno di benvenuto. Le antiche tradizioni e balli del  popolo conosciuto per il cannibalismo sono diventati spettacoli per turisti anche per tramandare ciò che faceva parte dei momenti di vita.


Una cosa che assolutamente non si può scordare è il sorriso della gente che sempre ha un 'saluto' solare e allegro! Quindi ... vivete anche voi la vostra avventura alle Fiji! Moce!

By Elena Gandini