Al acabar la conferencia,
Akmadjon nos sube a su coche y nos lleva
a las afueras de la ciudad. Entramos en una carretera de arena y pasamos
por varias casas de campo hasta que llegamos a la que es suya. Nos dice que nos
va a enseñar su secreto: su huerto. Lleno de frutales y todo tipo de verduras,
dispone hasta de un improvisado invernadero que ha plantado a unos dos metros
de profundidad. Nos da a probar el fruto de la morera, que está ahora cayendo por
todas las calles de Uzbekistán, el pepino pequeño, que nos lava y nos da a
probar, los albaricoques, las cerezas, etc. Un motivo que aparece en todos los
dibujos, bordados, cuadros, e incluso cerámica, es la granada, que consumen
chafándola poco a poco con los dedos, haciendo un agujerito, y bebiendo como
zumo.miércoles, 6 de agosto de 2014
El huerto de Akmadjon
Al acabar la conferencia,
Akmadjon nos sube a su coche y nos lleva
a las afueras de la ciudad. Entramos en una carretera de arena y pasamos
por varias casas de campo hasta que llegamos a la que es suya. Nos dice que nos
va a enseñar su secreto: su huerto. Lleno de frutales y todo tipo de verduras,
dispone hasta de un improvisado invernadero que ha plantado a unos dos metros
de profundidad. Nos da a probar el fruto de la morera, que está ahora cayendo por
todas las calles de Uzbekistán, el pepino pequeño, que nos lava y nos da a
probar, los albaricoques, las cerezas, etc. Un motivo que aparece en todos los
dibujos, bordados, cuadros, e incluso cerámica, es la granada, que consumen
chafándola poco a poco con los dedos, haciendo un agujerito, y bebiendo como
zumo.lunes, 4 de agosto de 2014
Samarkanda/Samarqand
Cruce de ciencia y conocimiento
en dos períodos emblemáticos: siglos IX y X antes de la llegada de Gengis Khan
(pronunciado Chingis Jan) y siglo XV, con Ulugbek y su vida dedicada a la
ciencia. Del primer periodo queda poco, los restos arqueológicos de Afrosiab,
ciudad de los Sogdianos que ocuparon esta zona y que practicaban el
Zoroastrismo. El segundo período que comienza con Amir Timur y su conquista de
gran parte de Eurasia, llena la ciudad de grandes mezquitas en honor a sus
hazañas y que su nieto llenará de Madrasas dedicadas al estudio del Islam y
disciplinas científicas como la matemática, la astronomía y la filosofía. Impresionante
la mezquita que Bibí Khanum, primera esposa de Amir Timur, le regala para
cuando regrese de una sus conquistas. Junto a esta mezquita, el gran bazar de
Samarkanda lleno de especias, frutas y frutos secos, souvenirs, entre muchas
otras cosas de primera necesidad para los habitantes. Samarkanda es famosa por
sus manzanas, pequeñísimas, sus limones color naranja y sus panes, redondos y
altos.
El Registan es el indiscutible
monumento de la ciudad con gran mezquita central y sus dos madrasas una frente
a la otra. Reconstruido en el siglo XX, es el epicentro de la vida social de la
ciudad en el que los uzbekos pasean y vienen a pasar las calurosas noches de
verano, en familia. Grandes conferencias científicas vuelven a organizarse en
el Registán como en el siglo XV, ahora lideradas por la Universidad de
Samarcanda.
Amir Timur mandó traer el cuerpo
de San Daniel de Irán a Samarcanda y puede verse su mausoleo cerca de otro
resto arquitectónico de la ciudad: el Observatorio y el Sextante construido por
Ulugbek para sus estudios de astronomía.
Otro importante mausoleo es en el que descansan los restos de Amir
Timur, sus hijos, sus nietos (entre ellos Ulugbek) y sus maestros. De hecho,
las tumbas de los maestros son las más grandes y una de ellas está coronada por
una cola de caballo, símbolo islámico.
Al salir del mausoleo, a mano
derecha, se encuentra la antigua Samarkanda, con sus calles estrechas y sin
asfaltar y sus casas con patios. Se ha conservado muy poco de esta zona antigua
pero un breve paseo es imprescindible.
sábado, 2 de agosto de 2014
Llegada a Uzbekistan/O’zbekistan
Uzbekistan, antigua Turquestán,
antigua Persia, invadida por mongoles, turcos, soviets… Tierra de poetas,
profetas, filósofos y ciencia, en la que se respira conocimiento por todas las
esquinas.
Poco tiempo basta para descubrir
un pueblo sencillo, extremadamente acogedor, que disfruta negociando y
compartiendo su historia.
El aeropuerto dista pocos
kilómetros de la capital, Tashkent, unos 15 minutos en coche. Nos hemos alojado
en el Hotel Grand Orzu, una casa de dos plantas sencilla y económica, con un
patio-restaurante en el que disfrutar de una buena cerveza Uzbeka, como la
Bochka, o la sempiterna Baltika rusa.
Dormimos pocas horas pues nuestro
tren, Afrosiyab, sale a las 8.00 de la Vokzal (estación), para llevarnos en
poco más de dos horas a Samarkanda.
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