domingo, 10 de agosto de 2014

Lyabi House

Nos alojamos en Lyabi House, un hotelito bellísimo a un minuto de la plaza con el mismo nombre y que ejerce de centro social de la zona antigua. El hotel es una antigua casa de un comerciante judío con una sala de desayunos porticada y decorada al más puro estilo bujarí, con pequeños estantes en forma de arco ojival y pintados de azul, rosa y verde.

La plaza Lyabi House se llena a partir de las ocho de tarde de familias, niños que juegan con coches teledirigidos, pequeñas tiendas que venden souvenirs y bares que rodean el pequeño estanque. Rodeando la plaza, una mezquita y dos madrasas. Una de ellas con un restaurante interior fabuloso, lleno de mesas/cama elevadas, típicas de Uzbekistan.

Una de las primeras impresiones es el estado de los edificios, reconstruídos pero no como en el Registan donde se redecora todas las fachadas por la cerámica típica de aquí y sus motivos geométricos o florales. Aquí las madrasas y mezquitas muestran en color de la tierra con algunos azulejos antiguos que se han conservado.


En esta plaza disfrutaremos de unos tés con Abror y Shukhrat, y probaremos el famoso arroz Pilaf uzbeko bajo unos 39 grados de temperatura.

viernes, 8 de agosto de 2014

Bukhara/Buxoro, la más bella

Me quedo con el cielo de Bukhara, impresionantemente estrellado y amplio gracias a la poca iluminación del centro, la poca altura de las casas y la enorme cantidad de madrazas y mezquitas que contrastan en la noche.
Bukhara te traslada al siglo IX y te permite recorrer sus últimos mil años de historia prácticamente intactos. Desde la mezquita de la luna, que fue centro de culto zoroástrico posteriormente prohibido por el Islam, parte una ciudad llena de calles estrechas, callejuelas y plazas en las no hay mezquita o madraza que no sorprenda más que la anterior.
Cualquier imagen de la ciudad se debe ver desde diferentes perspectivas pues lo que más impresiona es el conjunto de tantos edificios singulares, de distintas alturas, colores, formas. Se deben disfrutar los planos generales de cualquier conjunto monumental, pero cortar en pequeños detalles cada esquina, cada azulejo, una panorámica girando 360º sobre el eje de uno mismo, o simplemente “volver la vista atrás”.
De Bukhara me llevo también las noches de azotea, vodka y toast con mis amigos Abror y Shukhrat, frente a la mezquita de Lyabi House, o entre las callejuelas de la ciudad, o la última noche en un restaurante donde van los “locales” a comer buenos sashliks (brocheta de carne) y samsa (empanadilla de carne)

Y, por último, con un toast que hizo Abror recitando a Omar Khayyam!!

miércoles, 6 de agosto de 2014

El huerto de Akmadjon

Al acabar la conferencia, Akmadjon nos sube a su coche y nos lleva  a las afueras de la ciudad. Entramos en una carretera de arena y pasamos por varias casas de campo hasta que llegamos a la que es suya. Nos dice que nos va a enseñar su secreto: su huerto. Lleno de frutales y todo tipo de verduras, dispone hasta de un improvisado invernadero que ha plantado a unos dos metros de profundidad. Nos da a probar el fruto de la morera, que está ahora cayendo por todas las calles de Uzbekistán, el pepino pequeño, que nos lava y nos da a probar, los albaricoques, las cerezas, etc. Un motivo que aparece en todos los dibujos, bordados, cuadros, e incluso cerámica, es la granada, que consumen chafándola poco a poco con los dedos, haciendo un agujerito, y bebiendo como zumo.