martes, 15 de agosto de 2017

Laguardia: entre murallas y viñedos


Hay pueblos españoles que merecen siempre un desvío de la autopista, aunque sea para tomar un café y dar un breve pero intenso paseo cultural por su casco medieval. Y uno de esos pueblos es Laguardia, en Álava, una villa que esconde castillos, tesoros y leyendas de nobles y reinas.



Desde el Castillo El Collado en el que nos alejamos, descubrimos un torreón que nos ofrece unas vistas espectaculares a los viñedos, bodegas y lagunas que rodean la villa y que son un manto de un verde intenso en esta época del año pues la vid está a punto de recolección. Me imagino cómo será en unas semanas con el ajetreo y la emoción de la recolección y que, probablemente, sea la principal actividad de la villa una vez el turismo de verano decaiga. El torreón en sí es un pequeño museo-homenaje al vino con muestras de botellas de diferentes zonas vitícolas europeas. 



De paseo entre murallas, es primera hora de la mañana y la villa empieza a despertar con sus bares y algunas tiendas repletas de vinos, pan de vino, queso, longanizas y tantos delicatessen propios que, como siempre, son el mejor souvenir. En la tienda donde compramos un par de vinos de la bodega Medrano Irazu conocemos a una pareja del pueblo que traen un precioso border collie de un mes que se encargará de vigilar sus animales y viñas cercanas al pueblo. Por falta de tiempo no podemos ver el famoso reloj. algunas iglesias y la cueva subterránea pero como nuestro hotel es dogfriendly, podremos volver a pasar un fin de semana cultural y perruno!


Y como bienvenida y despedida, la muralla de la ciudad recuerda a todos una máxima que debería aplicarse a todas la ciudades turísticas:

"Paz a los que llegan,
Salud a los que habitan,
Felicidad a los que marchan"





martes, 8 de agosto de 2017

Mis postales antiguas del Cabo de Peñas

Hace años iba con mi familia a Asturias, a un lugar de esos que tienen una vista al Cantábrico de postal, con el Cabo de Peñas de fondo y un manto verde que te abraza, y que de adolescente no valoras. Hoy, pasados 20 años, es una de las imágenes que me dan tranquilidad y a la que recurro siempre que puedo, sin nostalgia, porque siempre estará allí con su faro, su bar que ofrece exquisitas patatas al Cabrales y sus vertiginosos acantilados.

Cruzar el túnel del Negrón entre León y Asturias es entrar en otra dimensión dejando atrás el sol y el buen tiempo y entrando en una zona de niebla espesa y casi londinense. La autovía de La Plata te lleva hasta las tres ciudades más importantes (Oviedo, Gijón y Avilés), y que forman un triángulo de unos 30 km de distancia entre ellas.

Antes de llegar a Avilés nos desviamos hacia el promontorio del Cabo de Peñas por la carretera interior, la de las aldeas de El Valle y Susacasa. El verde que nos rodea es espectacular con casas de colores y campos donde vacas mansas pastan. Vemos el faro a lo lejos y allí está, a la derecha, un banco estratégicamente colocado que recuerdo de mi adolescencia con vistas a los acantilados de Bañugues, Luanco y de Candás: otra imagen de postal.

Una vez aparcado el coche, hay que dejarse llevar por los caminos que rodean el faro, que algunos transforman en escalada, y por la perspectiva panorámica que ofrece. También vale la pena visitar el Centro de recepción de visitantes e interpretación del medio marino de Peñas.


Y cuando ya la vista esté bien nutrida, un buen descanso en bar-restaurante Cuatro Vientos, no privarse, como mínimo, de una buena sidra y de las citadas patatas al Cabrales, y crear una postal mental, sensorial y muchas digitales para el recuerdo.

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lunes, 31 de julio de 2017

Malta: caballeros sobre aguas cristalinas

Hacía más de 10 años que no venía a Malta y nada más aterrizar me han venido a la mente las historias de temibles caballeros en la bella y fortificada Valletta, la antigua ciudad de Mdina que parece vigilar la isla a 360 grados, las aguas cristalinas de Gozo y sus grutas, y sus campos mediterráneos circundados por muretes de piedra. En definitiva, un país en miniatura en una isla que autosuficiente desde hace siglos.

La primera vez que visité la isla alquilamos un jeep de los de dos marchas, descapotable y de color naranja, que resistió a nuestra vuelta a la isla en un día, a pesar de n su caótico tráfico, en un día. Supongo que hoy en día sería más fácil pues un gran cambio que he visto es la inversión en infraestructuras. Tan avanzado está que cada vez más malteses viven en Gozo y, con un ferry y las nuevas autovías, vienen a trabajar a diario a Valletta.

Llegar a la antigua capital de la isla, Mdina, una noche de julio es como subir a lo alto de la torre de un castillo donde el aire siempre te rodea y la vista te alcanza a ver el mar por entre prácticamente todas sus almenas. Palacios aristocráticos y mucho edificio religioso pueblan la conocida como “La ciudad del Silencio”. Pasear y buena gastronomía es lo a invita Mdina.


De este brevísimo viaje sin rumbo turístico me llevo la calidez de mis amigos Malteses, alguno de ellos famoso por haberse presentado a Eurovisión representando la isla, la panorámica aérea de Gozo, los famosos pastici de guisantes o de ricotta, las casas blancas aglomeradas entre autovías, rotondas y desvíos, y el tan característico acento inglés de los Malteses que me de nuevo me recuerda las historias de aquellos de temibles caballeros.