domingo, 11 de agosto de 2013

Vimieiro


Pequeño pueblo blanco con casita bajas que combinan colores azules, rosas, verdes y algunas cubiertas de azulejos. En la rotonda de la entrada se encuentra la típica estampa alentejana: tres bancos de abuelos a la sombra de dos grandes sauces, todos con su boina.

Tomamos café en un quiosco cercano a la rotonda, un café Delta buenísimo, y paseamos algunas de las calles del pueblo. Todo el mundo saluda y todos miran curiosos. En la plaza de la junta de freguesía volvemos a encontrar más abuelos en la sombra, no hay más señal de vida. Localizamos panadería y supermercado y volvemos al campo.

De noche hacemos de nuevo un paseo por sus calles y nos encontramos una Vimieiro distinta, viva, activa, llena de gente tomando la fresca frente a sus casas, en corrillo. Otro espacio de reunión es la iglesia, punto central de conexión gratuita a internet que ofrece el pueblo. Ahora corre aire fresco y, como siempre, lo mejor es adaptarse a la vida de los lugareños para disfrutra mejor y más auténticamente del lugar.  

sábado, 10 de agosto de 2013

Entrando en Alentejo

Entramos en Portugal por Badajoz dejando atrás campos de de encinas que alimentan a los futuros mejores jamones de España. Hemos podido comer una tapita de ibérico en la Majada, con unos buenos amigos a los que hemos sorprendido en su pueblo natal, Trujillo. Nos han dado una breve vuelta por una de las plazas más bonitas de España y nos han abierto el apetito para volver a pasar unos días con ellos en el futuro.

En la frontera hay 42 grados y el paisaje es prácticamente el mismo.

Tras 80 kilómetros llegamos a Vimieiro y adentrándonos en los campos vemos nuestra pequeña casita alentejana: blanca y azul, de una planta, con un patio trasero grande y una torre que resulta ser el hogar de la casa. El contraste de temperatura entre la casa y el exterior es de unos 20 grados. Ventanas que dan al este bien cerradas de día aseguran una temperatura fresca. Tiene una sala de estar frente al inmenso hogar, una salita de lectura, un piano de cola y una alfombra de Arraiolos que luce grande en la sala. La cocina es espacio y tiene salida al patio cubierto parcialmente por una parra. Una recibidor distribuye las habitaciones, que son tres y dos baños.

Vemos el atardecer desde el porche que da al oeste....el cielo rojizo, la tierra amarilla...

sábado, 23 de junio de 2012

El arroz más tradicional en Uzbekistan

El pilaf es el plato por excelencia en la cocina uzbeka pero lo encontramos en toda Asia Central así como en otros países vecinos como Georgia y Armenia. No queda claro si viene de la tradición turca o persa pues en la época del gran Tamberlán el imperio de Samarcanda llega hasta Turquía.


En función de la región lo preparan con unos u otros ingredientes y siempre va servido en un gran plato de cerámica típica. Suele haber dos versiones de pilaf, una más ligera y otra con mucha grasa. En ambas hay varios tipos de carne como el cordero y el caballo y un buen combinado de especies que incluyen, como ingrediente principal, el comino.



El pilaf se come en restaurantes especializados de pilaf, es decir, en los que solo sirven el arroz como plato principal con una ensalada y un postre. Merece la pena ir al que hay en Tashkent, bajo la torre de telecomunicaciones, y que es pilaf de la zona de Osh. Su nombre es O'rta osiyo osh markazi. Hay un gran salón comedor con lámparas palaciegas. El arroz se prepara fuera de la sala, al aire libre, en unos grandes hornos de terracota en los que también preparan "samsa". El restaurante ofrecen dos opciones de servicio: recoger el plato o servicio en la mesa, y el menú suele ser precio fijo aunque hay una carta, solo en uzbeko, que propone más opciones.