Atravesamos Es Pujols para ver la
Torre de la Punta Prima, vigilante durante siglos ante diversas amenazas, y como necesitamos
un café así nos vamos a Sant Francesc Xavier. Ante su imponente iglesia blanca,
los niños juegan a fútbol y al escondite mientras los padres toman un aperitivo
en el bar de la plaza o en el hotel Es Marès. No hay nada más abierto. Nuestro
aperitivo llega sorprendentemente en Cala Saona, al descubrir un chiringuito
abierto, ¡el único en toda la isla! Despedimos al sol y yo sigo empeñada en
querer ir a Barbaria, necesito esa carretera, ver el faro que tengo en la
memoria desde que ví la película “Lucia y el Sexo”. Aún hay luz y vamos hacia
allí. La carretera, estrecha y frágil, destaca sobre el desierto que la rodea.
Llegamos al Faro de noche, pero no importa. El espectáculo merece la pena...prefiero
no dar más detalles y que vengáis a vivirlo. Cenamos en A mi manera, italian-style pero con vino de
Formentera: Ophiusa, nº 0463 de 2013, primer nombre de la isla durante la época
griega que significaba “isla de reptiles”.
domingo, 13 de marzo de 2016
¿Visitar Formentera en invierno?
sábado, 19 de diciembre de 2015
La Alquería de Jumilla: de la tierra a la mesa
Hay lugares que nos devuelven a nuestras raíces, a la tierra, y la Alquería de Jumilla en Murcia es uno de ellos. Las razones son muchas, como el paisaje, la arquitectura rural, el aislamiento o el famoso vino, la gastronomía, entre muchas otras. Pero lo que realmente te permite es algo impagable hoy en día: recoger lo que la tierra nos da y cocinarlo como antes de que llegara la tecnología.
Se acerca la noche y ponemos en marcha ese horno de leña estilo árabe al que venía medio pueblo años atrás. Tras unas horas, sacamos una empanada de acelgas con huevo y dos panes amasados en casa. Más vino, lumbre de hogar y ganas de comer y conversar ante una noche en la que el tiempo vuelve a multiplicarse.
sábado, 5 de diciembre de 2015
Una mañana con los habitantes de la Ciudad Encantada de Cuenca
De día predominan los humanos, en varias modalidades turísticas: familias castellanas, grupos de madrileños, abuelos del IMSERSO, extranjeros que recorren el patrimonio de la humanidad español y muchos más. Rompen el silencio los niños chinos, que suben y bajan rocas como si estuvieran en un parque temático. Esto me hace pensar en cómo las cosas sencillas son las que más se disfrutan en la infancia. Imaginar que las rocas son seres humanos, animales o personajes.
De noche, la naturaleza inanimada de las rocas se transforma en un bosque con mar, en el que comparten espacio tortugas, focas, barcos, osos, elefantes y cocodrilos, y un can que vigila en la orilla. Todo ello, rodeado de símbolos de la civilización como una plaza mayor, un convento y un puente romano. También habitan personajes de leyenda, como Viriato, un pastor lusitano que encabezó varias revueltas contra la invasión romana y que se escondió en esta ciudad rocosa, y la de los amantes de Teruel.
Durante un par de horas vale la pena pasear sin rumbo y dejar volar la imaginación como esos niños y niñas chinas que revolotean entre rocas y flores, llaman a los pájaros, imaginan que el elefante y el cocodrilo luchan, que los amantes se dan un beso, que la flota de barcos navega por el mar de piedra y que se deslizan por el mágico tobogán de los sueños.
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